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5 de abril de 2026

Actualizado a las 21:32


La agenda criminal coincide con el inicio de dos juicios que afectan al Partido Popular y al Partido Socialista respectivamente. Ninguno de estos grupos se sienta en los tribunales como persona jurídica, lo que hace que ni jueces ni fiscales vean fundamento suficiente para imputarles los delitos de quienes ocuparían la Sala Segunda del Tribunal Supremo y la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. En este último se inició el juicio del llamado Caso Kitchen, una conspiración organizada en torno a la cúpula del Ministerio del Interior del gobierno de Mariano Rajoy, supuestamente para resistir la investigación judicial sobre el caso Gurtel. Entre los principales imputados se encuentran el exministro Jorge Fernández Díaz, el exsecretario de Estado Francisco Martínez, el exjefe Villarejo y altos cargos de la Policía Nacional, entre ellos el DAO Eugenio Pino, todos ellos imputados por la Fiscalía y solicitados largas penas de prisión. Lo que verán los tribunales nacionales será una narrativa ficticia que invadió ilegalmente la intimidad de Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular y condenado en el caso Gurtel, a través de grabaciones y acceso a ordenadores y móviles sin autorización judicial. En el caso de las mascarillas, los jueces de la Segunda Sala de la Corte Suprema, José Luis Ábalos, Cordo García y Víctor de Aldama, eran miembros de un grupo criminal centrado en lucrar con el contrato del Ministerio de Transporte para la compra de mascarillas durante la pandemia. La fiscalía anticorrupción pidió penas de hasta 24 años de prisión para Ábalos y Cordo y de hasta siete años para Víctor de Aldama por delitos menores, con habilitación para cooperar con la justicia. Sería un largo calvario que incluiría contratar favorablemente a dos de los “amigos” de Ábalos en una empresa pública.

Con la campaña andaluza como telón de fondo, continuarán semanas de lucha entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español para ver quién tiene más responsabilidad política que el otro en los escándalos que les han afectado. La independencia judicial y la apertura de las reuniones son garantías importantes para el desarrollo de estos procesos y garantizarán que la discordia partidista tenga su debida expresión. Cada club debe defender lo que está haciendo y dejar que la naturaleza siga su curso o ignorar voluntariamente lo que se está haciendo, porque lo anormal no es la judicialización de la política -que es una manifestación del Estado de derecho- sino la politización de la justicia, que es típica de los Estados autoritarios.

En cualquier caso, se recomienda no ignorar ciertos matices. El ministro Víctor Torres y la presidenta del Congreso, Francina Armengol, fueron llamados a declarar como testigos por la Corte Suprema, aprovechando el privilegio de declarar por escrito y eludiendo los contrainterrogatorios de la fiscalía y la defensa y posibles aclaraciones requeridas por el magistrado. Rajoy y Kospedal asistirán al juicio en la cocina como testigos porque no tienen fuero procesal. Y hay algo más: cuesta encontrar en los archivos del Partido Popular una campaña de ataques verbales a los jueces tan sostenida y tan hostil como la que llevan a cabo el Gobierno, los socialistas y sus socios de izquierda contra quienes se atreven a investigar la corrupción en sus respectivos ámbitos.

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