Pedro Sánchez empezó el nuevo año con una nueva propuesta para intervenir en el mercado del alquiler: un incentivo del 100% en el IRPF para los propietarios que renueven sus contratos sin aumentar sus precios. El Gobierno dice que el objetivo es frenar el aumento de precios … Cerca de 630.000 contratos que estaban protegidos durante la pandemia expiraron. También se endurecerán los alquileres estacionales y se restringirán los contratos de habitaciones.
Pero la medida ha dividido al propio poder ejecutivo. El socio de la alianza, Soumal, rechazó la oferta calificándola de “concesión a los rentistas” y exigió directamente una prórroga automática e involuntaria del contrato. Es decir, más control, más imposición y menos mercado. Esta confrontación revela no sólo diferencias de enfoque sino también la fragilidad de un gobierno que legisla sin dirección, sin consenso interno, sin una visión clara de largo plazo, y sigue una intervención tras otra para deshacer los efectos nocivos de la anterior.
No es sólo la falta de coherencia lo que preocupa, sino también la persistencia de los errores que se han cometido. Los ejecutivos de la Alianza son los principales responsables de la perturbación del mercado de alquiler. Forzó una congelación de precios, pensando que protegería a los inquilinos, pero sin saber que el resultado sería una caída repentina de la oferta. Las llamadas “áreas de estrés” frenaron los aumentos de precios pero también acabaron con la oferta. Las únicas medidas que podrían salvar parte de la confianza perdida, las medidas contra la okupación -que incluso sus socios agentes exigieron- y la derogación de las leyes contra los desalojos siguen siendo letra muerta.
El resultado es un círculo vicioso: hay menos apartamentos disponibles, hay más presión sobre los precios y nuevos intentos de control sólo exacerban el problema. En lugar de brindar salvaguardias legales y estabilidad regulatoria, los gobiernos respondieron con improvisación y posturas electorales. El dinero de los contribuyentes no puede utilizarse para corregir los males que le causaron sus socios de coalición o sus aliados parlamentarios, que le hicieron perder la confianza del mercado. Para el Partido Socialista Obrero Español, la aventura del sanchismo, que llevó a la destrucción del legado de Miguel Boyer y su ley de 1985, fue un error irreversible. Mientras Sánchez esté presente, nunca más será un candidato confiable para los inversionistas inmobiliarios.
La situación política también contribuyó a la confusión. Sánchez ni siquiera presentó una partida de presupuestos generales al Congreso porque no contaba con el apoyo necesario, pero insistió en aplicar el decreto de alquileres sin apoyo parlamentario en un intento de desenmascarar al Partido Popular. De modo que la vivienda, que debería ser una política nacional, se ha convertido en otro campo de batalla de debate. España necesita una verdadera estrategia inmobiliaria, no nuevos titulares cada semana. Pero mientras se dé prioridad a las historias sobre la realidad, los mercados seguirán en crisis. jmüller@abc.es