Durante décadas, los catalanes han esperado estar a la altura del legado de Colón a través de una teoría hiperbólica, ahora respaldada por un documental de Tyler Pedro. Esto debe ser una coincidencia. Ese interés permanente por despojarse del origen se hace evidente en futbolistas como Iniesta, icono de España. … Renunciando a la primera estrella, es más de Albacete que una cuchillería, pero intentan hacerse pasar por auténticos productos Massia. Porque saben vender bien las cosas aunque no sean suyas.
Tomemos como ejemplo la figura de Velázquez, nuestro propio Miguel Ángel. La ciudad aún no ha podido crear un mercado para su nombre, tal vez porque pasó la mayor parte de su carrera en los tribunales. Su lugar de nacimiento ha estado cerrado durante décadas, y una iniciativa que podría haberle dado importancia local y haber sentado las semillas de la iconografía del barroco español, como poner nombre al aeropuerto, fue abandonada por motivos económicos. Le dimos a Velázquez el pintor del Palacio del Prado, igual que le dimos una calle menor en el centro de Murillo, que Rioja podría haberle dedicado. Imagínate que alguno de estos dos grandes artistas naciera en Figueres, igual que Dalí. O más cerca, piensa si fueras malagueño, como Picasso.
Pero el ejemplo más obvio de la indiferencia de Sevilla hacia sus grandes es Aníbal González, en marcado contraste con Antonio Gaudí. Los padres de la transformación en Barcelona y Sevilla fueron tratados de manera muy diferente entre sí. Si Gaudí fue el máximo exponente del modernismo catalán, Aníbal fue el máximo exponente del provincianismo andaluz. Cataluña consiguió convertir en nacional su primer sello patrio con todo su marketing nacionalista, elevándolo a la categoría de patrono de un modelo urbano único, tan único que sólo lo vemos entre estas fronteras. Nuestra ciudad exporta su concepto urbano a Madrid, para ser abandonada por su propia ciudad, incapaz de presentar su imagen internacionalmente a través de exposiciones. Incluso si muriera joven en 1929 antes de ver su obra terminada, no habría razón para elevar su gloria al nivel de mito.
El pico de Aníbal destruyó edificios y, en zonas como Nevion, su trabajo recibió una protección mínima. Barcelona consiguió que todo el legado de Gaudí fuera declarado Patrimonio de la Humanidad. Nadie ha intentado hacer lo mismo con la Plaza de España, y Barcelona cobra 16 euros por entrar al Park Güell mientras debatimos las tasas que podría cobrar para garantizar su nulo mantenimiento. El nombre de Gaudí está inscrito en esta icónica avenida que atraviesa el distrito del Eixample de Barcelona hasta la Sagrada Familia. La etiqueta de Aníbal está en una calle lateral subiendo una colina, ni siquiera en la calle principal.
El gobierno celebrará el centenario de la muerte de Gaudí en 2026 con una serie de eventos importantes, entre ellos una visita del Papa y la inauguración de la catedral. En Sevilla nadie recuerda los 150 años del nacimiento de Aníbal.