Donald Trump puso la cuenta regresiva para la guerra con Irán en su punto más tenso cuando apareció en la Casa Blanca el lunes, hablando no como un presidente que intenta forzar negociaciones sino como un comandante en jefe que toma las decisiones. … Condiciones de rendición. El presidente no dejó lugar a la ambigüedad. Ni en el crono ni en el castigo. Dijo que Irán tenía hasta el martes por la noche para aceptar las demandas de Washington. Si no se hace esto, la amenaza será una destrucción abierta, no sólo militar: puentes volados, centrales eléctricas destruidas y una nueva ola de explosiones más graves que las de los últimos días. “Irán podría ser destruido de la noche a la mañana”, afirmó, subrayando que la posibilidad “podría ser este martes”.
Trump pareció convertir el rescate de dos pilotos muertos en Irán en una demostración de fuerza nacional. A su lado está el Ministro de Defensa, Peter Heggsy Presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Kanela operación tiene un tono épico. Pero el verdadero mensaje político no reside en el rescate sino en lo que sucede después del rescate. Trump utilizó este éxito táctico para emitir una advertencia más amplia: Estados Unidos cree que ha destruido por completo las capacidades de resistencia militar de Irán y que es hora de hacer cumplir sus términos. El plazo finaliza este martes a las 20.00 horas. 02:00 horas del miércoles, hora de Washington, España peninsular.
Los términos ya no son ambiguos. El principal es reabrir el Estrecho de Ormuz, arteria por la que pasa una parte decisiva (20%) del petróleo y el gas consumidos en todo el mundo. Trump dejó en claro que cualquier acuerdo aceptable debe incluir “el libre flujo de petróleo y todo lo demás”. No la presentó como una cláusula secundaria sino como el centro de su pulso. Cree que si Irán no abandona el uso de Ormuz como arma estratégica y corta la cadena de suministro, la guerra no terminará. Sugirió que esto era ahora tan importante como la cuestión nuclear.
Desmontado en cuatro horas
La parte más difícil fue cuando explicó lo que haría si Teherán no cedía. En su discurso, Trump dijo que Estados Unidos tiene la capacidad de “destruir todos los puentes en Irán” y hacer que todas las centrales eléctricas “dejen de funcionar, se quemen, exploten y nunca más se utilicen”. Describió la amenaza como una capacidad real y casi inmediata. Incluso añadió que la demolición podría “terminarse en cuatro horas”. En otro momento, resumió la idea en una frase aún más dura: Estados Unidos está dispuesto a llevar a Irán “de vuelta a la Edad de Piedra”.
No se detiene ahí. Trump aseguró que aún no había apuntado al petróleo iraní, aunque lo consideraba el “objetivo más fácil”. Explicó por qué se mantuvo porque destruir la base privaría al país de cualquier posibilidad de supervivencia económica o reconstrucción. Ésta es una manera de llevar el ultimátum un paso más allá. Dijo que si había retrasado la contención del golpe hasta ahora, no fue por falta de medios sino porque todavía le dio a Irán la oportunidad de evitarlo.
Trump asegura que aún no ha tomado medidas enérgicas contra el petróleo iraní, a pesar de llamarlo el “objetivo más fácil”
Ofreció las mismas justificaciones políticas que había estado repitiendo desde que comenzó la operación, pero ahora envueltas en un lenguaje más ultimátum. Cree que Irán está a punto de adquirir armas nucleares y Estados Unidos no puede permitir que esta amenaza siga existiendo. Según su relato, si no hubiera tomado medidas, Israel habría sido “aniquilado” y gran parte de Oriente Medio habría corrido la misma suerte. También afirmó que dos decisiones sentaron precedente para esta estrategia: violar el acuerdo nuclear barack obama y ordenó la ejecución de Qasem Soleimani.
ganar la ventaja
La aparición también reforzó la idea de que la Casa Blanca cree que tiene la ventaja, a pesar de que las encuestas muestran que el conflicto es impopular en Estados Unidos. Trump describió a Irán como un país militarmente colapsado. Dijo que su marina había “desaparecido”, su fuerza aérea “desaparecido”, sus radares estaban “100 por ciento borrados” y que ya no mantenía defensas aéreas ni comunicaciones efectivas. A partir de entonces, si el régimen ya no podía sostener una guerra convencional, no tenía más remedio que aceptar los términos de Washington o sufrir un daño mayor.
Aun así, la Casa Blanca continúa entablando conversaciones con Teherán a través de canales indirectos, mediados por Pakistán, pero lo hace con un reloj sobre la mesa y en un lenguaje que no ofrece negociaciones entre iguales sino soluciones mientras presiona al ayatolá.
De hecho, Trump no ha dejado de cambiar los plazos. Dio varios plazos para la reapertura de Ormuz y luego los amplió. Esto debilita parte de la efectividad de sus amenazas. Pero esta vez, en una sala de prensa abarrotada, el tono fue diferente. Más preciso. Más originales. Más bien un ultimátum que una advertencia verbal.
A nivel militar, el rescate del piloto permitió a Trump demostrar eficiencia y valentía, pero también ocultó una realidad más preocupante. El derribo de un F-15 y otros aviones de apoyo ha planteado dudas sobre el verdadero alcance de la superioridad aérea de Estados Unidos sobre Irán que defiende el presidente.
Si la guerra estuviera tan cerca como afirma la Casa Blanca, no habría necesidad de correr un riesgo tan grande para recuperar a dos marineros que perecieron en territorio enemigo. Trump buscó cerrar la brecha con un poema épico, un homenaje al Ejército y una demostración de poder presidencial. Pero el hecho subyacente sigue siendo que Irán conserva la capacidad de lanzar ataques y complicar la narrativa de victoria de Trump en Washington.
Trump una vez más miró a Venezuela como un modelo de ganancias rápidas, rescatando una vieja noción de casi otro siglo: “El botín es para el vencedor”.
El presidente también ha mezclado la crisis con otra de sus prioridades, el petróleo como trofeo geopolítico. Volvió a citar a Venezuela como modelo de operaciones rápidas y rentables, rescatando una vieja noción de casi otro siglo: “Al vencedor le llega el botín”. Esta forma de expresarse no es casualidad. Esto resume muy bien cómo ve Trump la guerra. No una campaña limitada destinada a neutralizar una amenaza específica, sino una demostración de fuerza con implicaciones estratégicas, energéticas y políticas para toda la región.