Habla con él. Sabías que podía oírte perfectamente. Pero él no respondió. Es como si no hubiera nada ahí. Y cuanto más lo repites y más lo gritas desde lejos, menos efectivo parece. Pero esto no es desobediencia ni una decisión tomada para molestarte. … Porque, como aclara la psicóloga y fundadora de Centros Crece Bien Sonia Martínez Lomas, “La desobediencia significa no seguir la intención para seguir instrucciones. Pero en muchos casos, esto no es así”.
De hecho, esto suele ser una cuestión de desarrollo. Martínez Lomas continuó: “El niño no está evaluando si te obedece o no. Está pasando por una transformación psicológica que a él le cuesta más que a nosotros. Cuando los padres entienden que eso no es un pulso de fuerza, la tensión se reduce mucho. No es un desafío, sino la dificultad de cambiar el foco de atención”. ”
El problema es, como dice este experto, “tu cerebro no tiene la capacidad madura para detener lo que está haciendo, procesar comandos y ejecutar acciones rápidamente”. Porque escuchar no es lo mismo que involucrarse… y es aún más diferente que responder. «Un niño puede oír perfectamente tu voz, pero si está absorto en una actividad -jugar, dibujar, mirar algo que le interesa- su cerebro está plenamente “comprometido” en la tarea. El cambio de enfoque no es automático”, subrayó.
El cerebro de los niños no cambia las tareas como lo hacen los adultos, continuó Martínez Lomas. “Sabemos por la neuropsicología del desarrollo que la corteza prefrontal, que es responsable de la atención, el autocontrol y el cambio de enfoque, madura lentamente. Las investigaciones sobre la función ejecutiva (como la investigación de Adele Diamond) muestran que a los niños les resulta más difícil detener lo que están haciendo, cambiar el foco de atención y responder inmediatamente a las instrucciones. Porque habilidades como esperar, suprimir impulsos o cambiar de tarea no están completamente cimentadas en la infancia. Esto no es un comportamiento grosero. Esto es de desarrollo neurológico. Si bien es cierto, también lo es. frustrante.
El psicólogo pone el ejemplo de que cuando un niño juega, “su cerebro está plenamente ocupado en la tarea. No funciona como un adulto, que puede escuchar, continuar lo que está haciendo y procesar órdenes al mismo tiempo”. Además, añade, “la insistencia a distancia no funciona. Cuando decimos ‘¡te llamé!’ cuando: ‘¡Es la tercera vez que te lo digo! ‘, el problema no es el volumen, es que el mensaje no ha llegado al sistema que decide actuar”. La atención no es un interruptor.
Subir el tono no funciona
Subir el volumen, insiste, “no estimula mejor la atención ni hace que la voz del padre se escuche mejor que la de la madre, aunque un tono tranquilo, firme y claro es más efectivo que un tono fuerte o enfadado. Cuando gritamos, el niño activa su sistema de alarma y deja de procesar el contenido del mensaje. La clave no es el volumen. “Es la conexión. ”
Qué ayuda: Frases específicas para usar en casa
Por favor, conéctate antes de realizar el pedido. Acércate. Míralo. Di lo que está haciendo. Este pequeño movimiento activa otras áreas del cerebro, permitiéndote cambiar de tarea.
Estos son ejemplos de frases específicas para usar en casa:
– Iniciar una conversación
“Veo que estás jugando con autos…”
“Realmente te gusta este juego, ¿verdad?”
“Sé que estás muy concentrado ahora…”
-Notificación de cambios.
“Cuando termines con esta parte, nosotros…”
“Lo recogeremos en un momento”.
“Te estoy diciendo que prepares tu mente”.
– dar instrucciones
“Ahora es el momento de venir”.
“Es hora de ahorrar dinero y pasar a otras cosas”.
“Te ayudaré a hacer cambios”.
– si te cuesta
“Es difícil dejar atrás algo que amas”.
“Respiramos juntos, nos movemos juntos”.
“Yo empiezo, tú continúas”.
De este modo, como sugiere Martínez Lomas, lo que funciona es “acercarse a ellos, ponerse a su nivel, tocarles ligeramente los hombros y establecer contacto visual antes de hablar. Primero hacer la conexión, luego entrenar. Es curioso porque solemos hacer todo lo contrario. Como asegura la psicóloga, “es más sencillo de lo que parece”. Acercarse y decirle “veo que estás muy concentrado en el coche” ha cambiado la dinámica. El niño se siente visto. Luego puede agregar: “Estaremos hablando por teléfono en un minuto”. Ese pequeño paso contribuye en gran medida a reducir la resistencia.
Por ello, Crece Bien señala que algunas acciones que funcionan bien en el día a día son avisar con antelación de los cambios; dar instrucciones breves y claras; pídales que repitan lo que usted dijo para asegurarse de que hayan procesado la información; divida los pedidos en pequeños pasos y mantenga una rutina predecible. Otro punto muy importante: evita encadenar pedidos sin interrupción. “A veces decimos cinco cosas seguidas y esperamos una ejecución inmediata”.
Si las dificultades con la atención y la reacción ocurren en todas las situaciones (en el hogar, en la escuela, en las actividades), tienen un impacto significativo en su desempeño, relaciones o autoestima, y son continuas, entonces es digno de evaluación. “Puede haber cualquier causa, desde simple inmadurez hasta déficit de atención (p. ej. TDAH), problemas auditivos o condiciones emocionales que provocan alteraciones. Hay que recordar que esto no es un aviso, sino una observación. En caso de duda, una valoración profesional siempre puede aportar claridad y tranquilidad”, concluye Martínez Lomas.