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¿Hablas en voz alta contigo mismo cuando no hay nadie cerca? A esta pregunta muchas personas probablemente responderán que sí. Ya sea quejándonos en voz baja de algo o, por el contrario, felicitándonos por algún pequeño logro en una situación difícil, o simplemente pensando en voz alta, es común expresar nuestros pensamientos.

Sin embargo, hacer audible nuestro monólogo interior a menudo causa vergüenza o ridículo porque nos recuerda las divagaciones de las personas mayores o las peroratas de los demás. Sin embargo, en general, este monólogo externo no tiene nada de morboso.

Pedro Ramírez Lafuente, psicólogo del Centro Kaizen de Psicología y Formación, explica: “Es completamente normal hablar solo en voz alta de vez en cuando, forma parte del funcionamiento normal de la mente humana y una forma de exteriorizar nuestro diálogo interno”.

Mecanismo natural para organizar pensamientos.

¿Por qué a menudo nos hacemos preguntas en voz alta o incluso las respondemos? Este hábito aparentemente extraño pero normal, que durante mucho tiempo se pensó que era un signo de excentricidad o aislamiento, es en realidad un proceso cognitivo normal que nos ayuda a organizar nuestros pensamientos y sentimientos.

“En muchos casos se trata de un proceso automático”, reconoció Ramírez, señalando que “el cerebro utiliza el lenguaje como herramienta para organizar la información, regular la conducta o tomar decisiones”.

Como tal, es una herramienta valiosa para pensar, actuar y comprenderse mejor a uno mismo. Hablar en voz alta puede ayudarnos a aclarar nuestros pensamientos, a veces confusos. Cuando pensamos en silencio, la mayor parte del tiempo, las ideas fluyen sin lógica aparente. Sin embargo, al decirlas en voz alta, el cerebro se ve obligado a ralentizar el proceso, aclarar y priorizar.

“A través de la expresión verbal promovemos la claridad mental y reducimos la carga cognitiva, por lo que se produce de forma espontánea, especialmente en periodos de intensa concentración o estrés”, admite Ramírez. Porque es durante los momentos de excitación, emoción o desafío en los que queremos controlarnos cuando la frecuencia de estos monólogos aumenta.

Los beneficios de expresar tus pensamientos con palabras en lugar de pensar

Contrariamente a la creencia popular, pensar en voz alta no es un signo de desequilibrio psicológico, sino una forma natural y eficaz de procesar la información. Esto nos ayuda a cristalizar nuestros pensamientos y darles una forma estable, permitiéndonos ver las cosas con mayor claridad. Para Ramírez, “verbalizar los pensamientos puede ayudarte a estructurar mejor tus pensamientos, mejorar tu toma de decisiones y aumentar tu autocontrol”. En determinadas condiciones, pensar en voz alta puede mejorar las habilidades organizativas, la creatividad y la gestión emocional.

Algunos estudios incluso sugieren que sucede algo interesante en nuestro cerebro cuando analizamos problemas en voz alta: no solo estamos pensando, sino que activamos múltiples procesos simultáneamente. Este estudio muestra que hablar en voz alta puede facilitar la resolución de problemas y mejorar el desempeño de las tareas. Es como brindarle una herramienta adicional con la que trabajar porque nos obliga a organizar nuestros pensamientos con mayor claridad, identificar posibles lagunas en nuestro razonamiento y descubrir soluciones que podríamos haber pasado por alto mientras pensábamos en silencio.

Hablar en voz alta puede ser una extensión de ese diálogo interno silencioso, que se activa cuando se producen ciertas órdenes motoras de forma involuntaria. El diálogo interno es una forma de exteriorizar nuestras emociones y regularlas. Ya sea que nos duela cuando nos golpeamos o nos desahogamos cuando estamos enojados o estresados, el diálogo interno puede ayudarnos a aclarar nuestra mente y alejarnos de los pensamientos negativos.

“En psicología, se ha descubierto que el lenguaje externo sirve como una forma de autorregulación emocional y conductual, y también utilizamos esta forma en intervenciones clínicas”, explica Ramírez. Si nos enviamos mensajes como “baja la velocidad” o “haz una cosa a la vez”, este diálogo interno autorregulado nos permite transformar las emociones crudas en señales simples que nos ayudan a concentrarnos nuevamente en la tarea. Pequeñas frases como ésta son como intenciones inmediatas a implementar. Al exteriorizar la señal, se rompe el ruido mental y se vuelve más fácil de seguir.

Nombrar la emoción activa el sistema regulador antes de que la emoción se intensifique aún más. Muchas veces expresar las emociones en voz alta es más efectivo para reducir la intensidad de las emociones que pensar en ellas; el acto motor de vocalización activa más sistemas cerebrales que el pensamiento silencioso.

Entonces, hablar en voz alta es una herramienta condicionante que nuestro cerebro ha reconocido y puede ayudarnos de diversas maneras. Cuando las emociones nos abruman, podemos expresarlas en voz alta; cuando el estrés aumenta, podemos ponerle nuestra perspectiva; y cuando empezamos a rumiar, verbalizarlo puede ayudarnos a interrumpir el pensamiento.

¿Cuándo se convierte en un síntoma de advertencia?

Ramírez aclaró que, si bien en términos generales, mantener esta conversación en voz alta no es alarmante y en sí mismo no indica “ningún problema psicológico”, es importante estar atento a ciertas señales de advertencia. “Cuando la conducta se vuelve muy frecuente, interfiere en la vida diaria o va acompañada de otros síntomas, como sensación de incapacidad para controlar la conversación o la presencia de contenidos que generan malestar grave, se puede recomendar una evaluación más profunda”, advirtió Ramírez.

“En estos casos, es importante someterse a una evaluación profesional para comprender el contexto y función de esta conducta”, advierte Ramírez. Ramírez, en consejería, suele trabajar “este tipo de procesos desde un enfoque cognitivo-conductual e integrador para ayudar a las personas a comprender su diálogo interno, regular sus pensamientos y mejorar su bienestar emocional de manera práctica”, concluyó el experto.

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