Manuela Vreeswijk no sabía qué le había pasado. Tres horas después de que apareciera en Internet la historia sobre su gatita Daisy, gravemente enferma, el veterinario había recibido la cantidad necesaria para el costoso tratamiento. “Estoy realmente muy satisfecho. Ahora podemos pagar los tratamientos fácilmente”, dice contento el nativo de Róterdam.
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