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La boca de una anchoa es un filtro de agua casi perfecto. Este pez se gana la vida filtrando: nada en el mar con la boca abierta y extrae plancton del agua. Gracias al “diseño” de los arcos branquiales, que están equipados con “rastrillos branquiales”, que a su vez están cubiertos de dientes más finos, el agua fluye a través de una cascada de tamices cada vez más finos. El agua “limpia” fluye desde las branquias en la espalda, mientras que todos los animales acuáticos microscópicos finalmente terminan en la garganta del pez, donde se traga con gratitud la bola de algodón recolectada.

A los biólogos de la Universidad de Bonn, que llevan tiempo trabajando en todo tipo de filtradores, se les ocurrió la idea de que el principio de la anchoa podría ser útil para filtrar microplásticos de las aguas residuales de las lavadoras. Las lavadoras son una fuente importante de contaminación por microplásticos en el medio ambiente y emiten de 10 a 120 gramos de microplásticos por persona al año. Se estima que entre el 63 y el 90 por ciento de los microplásticos que quedan en los lodos de depuradora se deben al lavado de ropa.

Imagen microscópica de la pantalla branquial de una anchoa.

Foto Leandra Hamann

Junto con científicos del Instituto Fraunhofer, los investigadores crearon uno Filtro inspirado en peces Se supone que esto hará que las lavadoras sean más limpias. En una prueba se tamizó el 99,6 por ciento de las fibras de microplástico del agua. El diseño del embudo a través del cual fluyen las partículas evitó que el filtro se obstruyera. Si las partículas recogidas se comprimen de vez en cuando en gránulos al final del filtro, el plástico se puede desechar de forma segura. Los investigadores han solicitado una patente para su invención biomimética.





Principios periodísticos de la NRC

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