El mayor de los hermanos, Jack (interpretado hace 30 años por Jack Mulcahy), ha muerto de cáncer. Deja atrás a Molly (Connie Britton), que no ha tenido novio desde la muerte de su marido infiel (en parte debido a una infidelidad, aparentemente). Pero eso no le impide darle consejos sobre citas a su sobrina Patty, quien acaba de anunciar su compromiso con Terence Joseph (Bryan Fitzgerald), el novio borracho que encontró mientras estudiaba derecho y que incorporó a su planificador de vida.
No puedes casarte con la única persona con la que te has acostado, insiste la tía Molly. Ahí radica la infidelidad. Barry está de acuerdo, sobre todo porque no soporta a TJ. Tommy está de acuerdo, especialmente porque nunca ha conocido a una mujer que le interese seriamente (bueno, puedes imaginar lo que le espera en ese sentido…)
Las ruedas se ponen en movimiento lo suficientemente rápido como para desatar una caballería de complicaciones románticas, sexuales y familiares. Y en eso realmente tiene un leve eco de cierta parte de la obra de Woody Allen. Lo que le falta es la agudeza de la percepción, el diálogo crepitante o la angustia existencial que subyacen incluso en su trabajo más simple.
La familia McMullen No es exactamente terrible, pero tampoco es nada especial. Baste decir que si ésta hubiera sido la primera película de Burns, podría haber sido la última, y no sólo la última.