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En Colombia la desigualdad está bien cuantificada. Sabemos, por ejemplo, que nuestro coeficiente de Gini es el más alto del mundo y que, según la Base de Datos Global sobre Desigualdad, el 10% más rico de la población del país concentra cerca del 60% de los ingresos. Sin embargo, sabemos muy poco sobre lo que se siente al vivir con desigualdad. Parecemos pasar por alto que este trágico fenómeno no es sólo una diferencia en la distribución del ingreso y la riqueza, sino una experiencia cotidiana, una forma de habitar el mundo que determina la forma en que sentimos e interpretamos la realidad.

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