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A más de setenta metros de altura, donde la humedad cambia, la luz se vuelve más intensa y el viento mueve las ramas en el dosel de la selva, algunos de los árboles más altos de la Tierra continúan realizando sus tareas diarias pero extraordinarias: Sube el agua desde las raíces hasta la última hoja. Durante décadas, los científicos pensaron que esta hazaña hidráulica tenía un precio. Cuanto más grande es el árbol, más difícil es mantener este flujo continuo de agua y, por tanto, más susceptible es a la sequía.

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