El juez instructor del empresario y comisionista Alberto González Amador le dio diez días para que su defensa rebata los escritos de la Fiscalía, la Fiscalía del Estado y las acusaciones generales que piden distintas penas de prisión para los socios de Isabel Díaz Ayuso por dos delitos, entre ellos fraude fiscal y falsificación de documentos. Con esta medida, el juez Antonio Viejo avanzó con el caso, quedando González Amador como juez en las audiencias que aún están por celebrarse.
El Auto nº 19 del proceso, revisado por elDiario.es y de 26 de enero, advierte que si González Amador y los otros cuatro imputados en el proceso no presentan sus alegaciones de defensa en el plazo señalado, “se entenderá que se oponen a los cargos y el proceso continuará sin perjuicio de su posible responsabilidad conforme a lo dispuesto en la Ley Orgánica del Poder Judicial”.
La Fiscalía y la Fiscalía del Estado solicitaron que Alberto González Amador sea condenado a 3 años de prisión y 9 meses de prisión respectivamente, así como a multa, por defraudar a Hacienda 350.951 euros en el Impuesto de Sociedades de 2020 y 2021 mediante una trama de facturas falsas. La acusación general presentada por el Partido Socialista Obrero Español y Madrid Mas eleva su petición a cinco años de prisión, pero no puede pronunciarse sobre delitos fiscales, que no pueden perseguir porque se cometieron contra la Hacienda Pública, representada por la Fiscalía del Estado.
Contra González Amador y los demás imputados el tribunal ordenó un juicio oral sin posibilidad de apelación, lo que inevitablemente los llevó al banquillo. Aún no se ha fijado una fecha para el juicio y se espera que se retrase varios meses, posiblemente incluso hasta 2027. Los honorarios defraudados sugieren que el juicio de los socios de Ayuso y sus presuntos colaboradores debería realizarse en el Tribunal de la Corona, no en los tribunales provinciales, que se han destacado por la acumulación y los retrasos en las audiencias.
Para ser investigado
Paralelamente, el mismo tribunal conocía otro caso por presunta corrupción comercial y delitos de gestión desleal, acusando a González Amador de pagar comisiones en secreto al director de Quirón, Fernando Camino. El presidente de Quirón Prevención podría haber comprado material sanitario al inicio de la pandemia a otra empresa (cuyo consejo directivo le pertenece) que previamente había pactado con González Amador una cuantiosa comisión. Para repartirse los beneficios a escondidas, González Amador compraría una empresa casi sin valor a la mujer del directivo de Quirón por el desorbitado precio de medio millón de euros.
González Amador ganó cerca de 2 millones de euros con la operación, que incluyó el establecimiento de vínculos con dos empresas españolas. El encargo supuso un salto exponencial en su carrera empresarial, pero los socios de Ayuso no quisieron pagar su parte de impuestos y una inspección fiscal desencadenó el caso.
Da la casualidad de que un día después de que Antonio Viejo fijara un plazo para que la defensa de González Amador presentara escritos de defensa en el primer caso de fraude fiscal, los fiscales populares presentaron dos solicitudes para agilizar ambos procedimientos ante los retrasos. Cuando la Asociación de Trabajadores Sociales de España y Mas Madrid presentaron su caso aún no habían sido informados de la decisión del juez Viejo.
La anterior sheriff del caso, Inmaculada Iglesias, había involucrado a la Unidad Central de Operaciones (UCO) de la Guardia Nacional en la investigación más compleja, la del pago de comisiones secretas al jefe Quirón, pero los agentes no comenzaron a trabajar hasta noviembre porque hasta entonces no se entregaron los documentos judiciales. Aún hoy siguen elaborando informes. El juez Iglesias se jubiló este verano, lo que retrasó la investigación.