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La administración pidió precaución a medida que se intensifica el conflicto con Irán, pero también abrió la puerta a medidas fiscales si la crisis en Medio Oriente empeora. Se teme que esto pueda conducir a una espiral inflacionaria similar a la que se desató después de que Rusia invadiera Ucrania en 2022, lo que obligó al despliegue de ayudas de diferente naturaleza para amortiguar el golpe de los precios en los bolsillos de los consumidores. Todas las miradas están ahora puestas en los precios de la energía, que ya se están disparando a medida que el conflicto afecta a una región estratégica: el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, que consume el 20% del petróleo mundial y por donde pasa casi una quinta parte de todos los barcos que transportan gas.

“Si vemos que esto finalmente tiene un impacto negativo en nuestra economía, estamos preparados para reaccionar y tomar las medidas necesarias, tal como hicimos en 2022”, dijo el martes a TVE el director económico, Carlos Cuerpo. El departamento que dirige aclaró a este periódico que era demasiado pronto para hablar de medidas concretas de apoyo a familias y empresas, y llamó a la calma y a esperar la evolución. Pero prometió que no se quedaría quieto si algo salía mal. Hacienda confirmó que aún no han fijado medidas concretas, pero cualquier plan tendrá un componente fiscal, como ocurrirá en 2022.

Ese año, la invasión rusa de Ucrania desencadenó una grave crisis en el suministro de materias primas como la agricultura, metales críticos y energía, exponiendo la falta de autonomía estratégica del Viejo Continente y provocando la peor espiral inflacionaria en décadas. Los aumentos de precios españoles han superado los dos dígitos; Los precios del gas natural han alcanzado máximos históricos de más de 300 euros por megavatio hora (MWh), y el suministro de electricidad en el mercado mayorista ha alcanzado un máximo de más de 400 euros/MWh, lo que ha llevado al Gobierno a emitir diferentes paquetes anticrisis para amortiguar el golpe a hogares y empresas.

El importe de la ayuda aprobada sólo ese año alcanzó la cifra más alta de 22.000 millones de euros. Las medidas incluyen limitar los aumentos de los alquileres o aumentar el ingreso mínimo vital, pero la mayoría de ellas involucran al sector energético y recortes de impuestos, hasta el punto de que la ministra de Finanzas, María Jesús Montero, argumentó que se trataba del “mayor recorte de impuestos” del gobierno. Algunas de las iniciativas incluyen la reducción del IVA en las facturas de electricidad y alimentos básicos, la reducción de los impuestos especiales sobre la electricidad, la suspensión del impuesto a la generación de electricidad, las devoluciones del impuesto a los combustibles y la asistencia al transporte. De hecho, el principal organismo profesional del transporte por carretera pidió el martes a la administración que desarrolle un plan de apoyo que pueda activarse urgentemente si la situación va mal.

El gobierno aseguró que estaba monitoreando el precio de la electricidad y el combustible y su posible impacto en el transporte y la logística, así como un repunte de la industria alimentaria. Así lo expresó también Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social e Inmigración, quien recordó en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros que el impacto directo de España en la guerra que estalla en Oriente Medio fue “bajo”. Sin embargo, el portavoz del Ejecutivo también pidió cautela en un entorno internacional muy incierto, advirtiendo que el impacto final dependería en gran medida de la duración del conflicto.

Asimismo, el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, coincidió en que es demasiado pronto para evaluar el alcance real de la volatilidad del mercado energético, a pesar de los grandes vaivenes que se producen en pocas horas. Sáez destacó que la diversificación del mix energético (fuentes de producción eléctrica) y fuentes de suministro de crudo y gas natural hacen que España sea menos vulnerable que en crisis anteriores. Planas añadió que, aunque dista mucho de la situación que había al comienzo de la guerra en Ucrania, cualquier cambio en los costes energéticos acabará repercutiendo en la cadena agroalimentaria, especialmente a través de los fertilizantes y el transporte.

Ambas partes coincidieron en subrayar que es por este motivo que la administración monitorea continuamente la situación. El portavoz explicó que este seguimiento permite analizar en tiempo real el posible impacto del aumento de los precios de la energía en los consumidores, la industria y las empresas, con el objetivo de evaluar la implementación del paquete de ayudas si fuera necesario. Planas insistió en que el Gobierno tomará medidas en función de la evolución de los próximos días.

En cuanto al mercado de alimentos, el ministro descartó temporalmente la posibilidad de intervención de precios propuesta por algunos socios gubernamentales, ya que aún no se han visto efectos directos. En cualquier caso, ha defendido que el Consejo Ejecutivo ya había demostrado en las últimas crisis su capacidad para adaptar su respuesta a cada situación, punto que también subrayó Sez al afirmar que España está hoy mejor preparada para afrontar una situación tan precaria como la actual.

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, también anunció este lunes que el Ejecutivo tomará las medidas necesarias, de ser necesario, para mitigar el impacto económico negativo que pueda causar el conflicto. “La guerra se traduce en una realidad económica y social”, dijo Dias tras mostrar a los becarios un buzón de quejas, “espero que no pase nada, pero si pasa, tomaremos medidas para proteger a los trabajadores de nuestro país”. En el ámbito de sus competencias, se refiere a medidas que ya se han tomado con motivo de otras crisis de diferente naturaleza, como la prohibición de despidos por la guerra en la región; las condiciones más favorables para los ERTE (despidos temporales) o la activación de mecanismos de red (similares a los ERTE aplicados a crisis corporativas o sectoriales).

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