El pasado mes de marzo, Yolanda Gálvez Sánchez, vecina de Alájar (Sevilla), de 54 años, acudió a realizarse una mamografía en una unidad móvil (remolque) de una clínica privada subcontratada por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) y aparcada en su localidad. Para ella, esto se ha convertido en una rutina diaria.
Sin embargo, su respuesta habitual – “Te llamaremos dentro de diez a quince días si surge algo” – no se materializó esta vez, y cuando la contactaron, habían pasado cinco meses desde la prueba y el diagnóstico fue positivo de cáncer, que tuvo que ser confirmado con una nueva exploración. Ahora que ha recibido dos rondas de quimioterapia y siente que ha perdido seis meses para comenzar el tratamiento, acusa al Departamento de Salud de “tratar a las mujeres como animales y no como personas”.
El caso de Yolanda precedió al escándalo de las pruebas de detección del cáncer de mama que acosó al gobierno de Juan Manuel Moreno porque muchos diagnósticos de mamografías en etapa tardía no fueron comunicados a los afectados.
La crisis de cribado, que provocó la dimisión del ministro de Sanidad y de seis altos cargos de su departamento, se limita a un hospital, el Virgen del Rocío, que contabiliza más del 90% de las mujeres afectadas, 2.317 según los datos facilitados por la comisión. La administración andaluza aún no ha aclarado el origen exacto de la sentencia ni los criterios para cuantificar el número total de afectadas (impugnado por la asociación Amama, que descubrió el caso), ni el período temporal que abarca la investigación interna (¿a partir de qué fecha el SAS empezó a revisar los resultados de las mamografías que no se comunicaban a las mujeres?).
Desde el inicio de la crisis hasta finales de noviembre, el Departamento de Salud ha llamado a 2.317 mujeres seleccionadas para concertarles nuevas mamografías porque no fueron informadas de resultados sospechosos o no concluyentes en la primera revisión.
El caso de Yolanda abre un nuevo escenario que pone en duda el alcance de la crisis del screening. No la llamaron y ella no era una de las 2.317 mujeres afectadas por el dudoso diagnóstico: su mamografía reveló lesiones malignas, pero no se lo dijeron hasta cinco meses después, cuando se había desarrollado el cáncer.
Cambios de tratamiento en 2020
Según avanza El Pespunte, la historia de Yolanda se remonta al año 2010. Ese año le diagnosticaron un “nódulo bilateral en la mama izquierda”, que iba cambiando de tamaño pero no era peligroso, y tenía numerosas zonas quísticas internas y quistes bilaterales.
Yolanda guarda decenas de documentos en una caja en casa. Los informes médicos del servicio de ginecología del hospital Virgen de Valme detallan su vida entre 2010 y 2020, realizándose mamografías y ecografías en cada visita. Pero en 2020 trasladaron su caso a una clínica privada, donde SAS organizó mamografías en remolques móviles por toda Andalucía, sin hacerle una ecografía. Visitó la unidad móvil dos veces, la última vez en marzo del año pasado.
Para compensar el doble tratamiento, acude a un ginecólogo privado, al que visita una vez al año. Pero últimamente todo ha transcurrido sin giros inesperados. Cuando se hizo la mamografía en marzo, la despidieron con el habitual: “Si vemos algo, te avisaremos en diez o quince días”. Pasaron los días y nadie le avisó de nada, por lo que supuso que todo iba bien y ya pensaba en una visita para el 2027, pero no fue así. A finales de agosto recibió una carta informándole que “no sólo había dado positivo, sino que tenía una cita para comenzar el seguimiento del cáncer en dos semanas”.
En el escrito se informaba a la afectada que el médico le había examinado su mamografía el 16 de mayo del año anterior (dos meses después de la exploración) y la citaba para consulta al Hospital Virgen de Valme a las 11.54 horas del 11 de septiembre del año siguiente para practicarle una “ultrasonografía mamaria bilateral” y una “mamografía tomográfica craneocaudal derecha”.
No sólo la prueba de Yolanda estuvo pendiente durante dos meses hasta que la atendió un médico, sino que la cita “urgente” solicitada por el médico se realizó cuatro meses después, el 11 de septiembre, y la mujer no fue notificada hasta hace dos semanas.
Las pruebas confirmaron que Yolanda tenía cáncer de mama en una mama, pero no presentaba síntomas y “su pronóstico habría sido mejor” si le hubieran informado a tiempo del diagnóstico: “Si me hubieran dicho a principios de abril que tenía cáncer, habría vivido seis meses más y no habría pasado por este calvario”, afirma.
Dos rondas de quimioterapia después de una serie de pruebas.
La afectada también señaló que no había recibido ninguna información sobre el veredicto positivo, “sólo una carta de cita a finales de agosto” y que hasta hoy se había sometido a dos rondas de quimioterapia antes de la cirugía para extirpar el tumor, que esperaba reducir para que la intervención fuera lo menos dañina posible.
Desde su cita, se ha sometido a una mamografía, una ecografía, biopsias de ganglios linfáticos de mama y del brazo, TC con contraste y PET-CT (una técnica de diagnóstico por imágenes que combina la tomografía por emisión de positrones (PET) y la tomografía axial computarizada (CAT) para obtener información metabólica y anatómica sobre el cuerpo).
Tuvo su tercer tratamiento el jueves 4 de diciembre y aseguró que le estaban provocando “todas las consecuencias negativas posibles” por lo que esperaba que la cirugía que le habían programado ayudara a “acabar con esta tortura”.
“Que la junta reflexione”
Yolanda trabajaba como empleada doméstica pero explicó que tuvo que dejar su trabajo y pidió a la Junta andaluza que reflexione sobre que estos errores en los cribados “están jugando con la vida de las mujeres” y espera que su caso ayude a los responsables de los retrasos en el diagnóstico a darse cuenta de que “no se trata de animales, sino de personas”.
No queriendo estar sola, se puso en contacto con la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama (Amama): “Me pidieron todos los documentos y yo había firmado un acuerdo para el uso de mis datos”, y tenía previsto organizar una manifestación en Alahar “porque sabía que había al menos otras dos mujeres, residentes en el pueblo, que también eran víctimas de este cribado fallido”. Su objetivo ahora es concienciarles “de la necesidad de contarlo para que no vuelva a suceder”.