Aunque nos hayamos quedado dormidos y el reloj nos asegure que ha pasado el tiempo correspondiente, ese despertar triste, la sensación de no haber descansado, no es una sensación subjetiva sino el efecto de una noche tropical. Cualquiera puede afirmar que las altas temperaturas nocturnas repercuten directamente en el descanso, pero los expertos explican detalladamente por qué te sientes cansado al principio del día.
“Para dormir, el cerebro necesita que la temperatura corporal central baje ligeramente, entre medio grado y un grado”, dice el Dr. Pasadena, profesor de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y autor de ” dormir para vivir. Sin el descenso calórico que requiere el sistema nervioso, la calidad del sueño será mala.
Para llevar a cabo este enfriamiento, los expertos explican que el cuerpo utiliza la sangre como circuito de enfriamiento, dilatando los vasos sanguíneos y entregando sangre caliente específicamente a manos y pies. “Estas áreas actúan como sumideros de calor naturales, liberando calor al medio ambiente”, dijo Rodríguez-Muñoz. “Por eso muchas personas levantan un pie de las sábanas mientras duermen sin darse cuenta, para favorecer esta termorregulación”, añade.
Si la temperatura ambiente es demasiado alta, el intercambio de calor será difícil, lo que provocará cambios en la estructura del sueño. Los expertos señalan: “Hay más despertares, más interrupciones durante el sueño y, lo más importante, un sueño menos profundo, lo que significa que tenemos menos tiempo para descansar”.
No todo el mundo sufre el calor de la misma forma. Rodríguez-Muñoz destacó que las personas mayores se encuentran entre los colectivos más vulnerables porque “tienen peor termorregulación, sudan menos y su circulación sanguínea es menos eficiente”. Los bebés y los niños pequeños también son particularmente vulnerables, afirmó el profesor, “porque sus sistemas termorreguladores no están completamente desarrollados”.
También existen diferencias entre los géneros: las mujeres tienden a tener mayores dificultades debido a los cambios hormonales y, dependiendo de las condiciones de salud, las personas con enfermedades crónicas pueden encontrar que el calor empeora sus síntomas o les dificulta especialmente conciliar el sueño.
Ante la desesperación del calor y su incompatibilidad con el descanso, la gente suele recurrir a lo que Rodríguez-Muñoz llama un remedio “contraproducente”: una ducha fría antes de acostarse. Los expertos advierten: “Las duchas frías hacen que los vasos sanguíneos se contraigan, lo que permite que el cuerpo retenga más calor. La forma ideal de promover la vasodilatación es tomar un baño tibio”, ya que el objetivo es mantener los vasos sanguíneos abiertos para que el “circuito de enfriamiento” pueda funcionar y disipar el calor.
Además, el catedrático recomienda extremar las precauciones en la cena, que aconseja ser ligera y no beber alcohol, ya que el alcohol es enemigo del sueño: “Si el calor por sí solo destruye el sueño, si le añades alcohol, echará más leña al fuego”.