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El juez del Juzgado Segundo Administrativo de León confirmó que el alcalde de Valdelugueros (León) había exagerado las cifras del censo para las elecciones municipales de 2023. El concejal Emilio Orejas (PP) registró hasta 21 familiares en dos casas de la localidad (propiedad suya y de su padre), y el magistrado escuchó que “el número de altas de 501 personas, frente a sólo 178 tarjetas sanitarias en una población envejecida, indica claramente la existencia de residencia falsa”, entre otras. El fallo, que el Nacional ha acordado iniciar en 2021, detalla el caso de un matrimonio con un policía que trabajaba a 330 kilómetros de distancia, en Victoria y afirmaba que su residencia habitual estaba en la localidad. La denuncia provino de un concejal del Partido Socialista de los Trabajadores, presentada por el abogado Víctor Álvarez, quien denunció al alcalde como una “estafa” y por hechos “muy graves” que obligaron a un juez a ordenar una revisión del censo.

La resolución judicial expone cómo el alcalde Valdlugros aumentó el número de residentes en la localidad hasta cifras que podrían cambiar el resultado de las elecciones locales. “El concepto de ‘barrio’ está indisolublemente ligado al de residencia habitual. La inscripción no es un acto de libre albedrío divorciado de la realidad material, sino un registro administrativo del hecho: la residencia habitual en un lugar”, explicó el magistrado, que cuestionó esta crucial estabilidad del llamado barrio.

La afirmación se basa en los factores clave mencionados anteriormente, como la escasez de tarjetas médicas en una zona envejecida y escasamente poblada: “Más del 60% de los residentes en las zonas rurales (principalmente las personas mayores) abandonan los servicios médicos locales a menos que realmente vivan allí, lo que desafía la lógica y la experiencia común”.

El Instituto Nacional de Estadística (INE), al analizar el crecimiento del censo en varios lugares antes de las elecciones municipales de 2023, encontró que había un crecimiento demográfico “irrazonable”, particularmente a la luz de la disminución de la población provincial, un fenómeno que ahora ha sido desmantelado por el poder judicial. El alcalde y expresidente de la diputación provincial de León aún no ha respondido a las preguntas de El País.

Víctor Álvarez, abogado de la denunciante, detalló que en la familia del alcalde había 12 personas, frente a 11 al inicio del juicio, y que en la familia del padre del concejal eran 9 personas, y ahora solo quedan 4, señal de una “estafa en el registro” donde la gente se mueve por las propiedades de su propiedad.

El abogado lamenta que “se hayan pasado casi cinco años en litigios, que las elecciones de 2023 se hayan celebrado sin que se haya revisado el registro, que el ayuntamiento ni siquiera haya recurrido, y que resulte que se ha impedido a la oposición acceder al registro por no haber fotocopiadora, cuando en realidad sí la hay”. “El número de personas empadronadas en la casa del alcalde parece ser muy grande. De los testimonios y de la descripción catastral de la casa se desprende que es imposible que allí viva tanta gente. Por eso, se ha ordenado una revisión de los archivos del inmueble, y se puede comprobar fácilmente que allí vive tanta gente mediante el pago de las facturas de luz y suministro”, resolvió.

El juez insistió en que “la conducta del Ayuntamiento de Valdruglos, al rechazar denuncias ante el registro, aprobar datos oficiales e ignorar indicios evidentes de irregularidades (así como casos de fraude ahora confirmados judicialmente), es incompatible con la ley”, aunque aclaró que no podía “ordenar la expulsión automática de los ciudadanos afectados por esta sentencia, ya que la no participación en este proceso les conduciría a la indefensión”.

Por tanto, estas personas seguirán presentes en Valdelugros, pero el ayuntamiento deberá “iniciar de oficio los expedientes de desalojo, escuchar a las partes implicadas y llegar a un acuerdo basado en realidades comprobadas”. Entre los casos incluidos en la sentencia se encuentra el de un policía civil que trabajaba en Vitoria, a 330 kilómetros de la localidad de León, que dijo que “ella y su marido trabajaron tres días y luego se fueron a la ciudad y vivieron en la ciudad un tiempo más largo”, pero le despertaron dudas y el juez consideró que el ayuntamiento debía verificar la autenticidad de ello.

En este sentido, argumentó que “la distancia entre su lugar de trabajo y el municipio dificulta conciliar la residencia ‘habitual’ con la prestación del servicio activo, salvo circunstancias especiales que el Gobierno debe verificar” y que la propia implicada admitió que su registro era incorrecto y que aparentaba estar en casa de sus padres cuando “dijo que vivía en casa de su hermana”. “El error reconocido por el tribunal demuestra una falta de rigor en la gestión del padrón por parte del ayuntamiento y corrobora la queja del recurrente de que los datos son inexactos”, afirma el dictamen judicial, que recoge las imprecisiones del censo y obliga al alcalde a revisarlo. Otros dos hombres “admitieron explícitamente que su registro fue útil debido a la necesidad de cumplir con los requisitos administrativos para obtener licencias de caza en reservas locales”, y que “declararon explícitamente que ‘normalmente no duermen en la ciudad'”, lo que representa una “admisión de fraude legal al utilizar las reglas (registro) para perseguir un resultado prohibido o diferente al previsto (obtener derechos de caza sin convertirse en verdaderos vecinos)”.

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