Son las 12:30 del domingo y los pasillos de la academia de flamenco Amor de Dios, en el centro de Madrid, se parecen mucho a esas tensas filas de hormigas que se cruzan como locas sin chocar jamás. Siempre hay gente yendo y viniendo en Amor de Dios, pero hoy estaba lleno de multitud y una pizca de entusiasmo. Juan Manuel Fernández Montoya da lecciones a amigos de Duende, Farruquito. O es lo mismo, mucha gente conoce a los danzantes del linaje del Dios de los Zapatos Rápidos de este lugar: Faíco, Farruco, Gades y Él. Aunque el interesado se encarga de bajar la épica que rodea su nombre: “Nunca sentí ni creí que tuviera talento para bailar. Muchas veces en el camino dudé si estaba haciendo un buen trabajo, y todavía lo dudo. Todos los días me levanto como si fuera un principiante, y creo que eso es algo saludable porque porque conocí a otros compañeros que pensaban que habían llegado a su punto máximo y me hacían bromas, pensé que me aburriría y si un día sentía que había llegado el día, me cansaría y lloraría, y Sobre todo, por respeto a mí y al público, dejaría de bailar”.
Este tipo de reflexiones, así como sus miradas sobre el patrimonio, el arraigo y la herencia, la verdad y la mentira, la pureza e impureza del flamenco, la pureza e impureza del flamenco, sus profundos vínculos familiares y una manera muy especial que aprendió de niño de su abuelo el gran Farruco y ahora le enseña a su hijo Juan el Moreno (13 años). tu serás faruquito. Así se titula el documental codirigido por Santi Aguado y Rubén Atlas, que narra el ascenso, caída y redención del bailarín sevillano de 43 años, que se estrenará en cines el próximo 15 de mayo. Aguado interpreta con ilusión al personaje: “Es un contraste cruel. Por un lado la fuerza que tiene cuando empieza a bailar, y por el otro todo lo frágil y vulnerable que parece por la historia que le ha pasado”. El director cree que hay mucha gente, bailaora o no, que tiene una visión “muy prejuiciosa” de Farruquito. “Me pareció”, explica Aguado, “que era una oportunidad para resaltar una figura como él, obviamente, como todo artista que trabaja con luces y sombras”.
Efectivamente Farruquito es un personaje difícil de entender. Al observarlo, primero caminando por los pasillos de Amoded Dios bajo las miradas atónitas de sus admiradores, luego posando para los fotógrafos, agitando un rostro arrogante en las sombras y finalmente golpeando sus talones como una estatua electrificada, uno detecta en él una mezcla de fuerza ilimitada y vulnerabilidad agazapada. Alguien le sugirió la idea y él asintió sonriendo y mirando hacia abajo: “Así es, así es. Mi esposa también me dijo eso, pero creo que todos los artistas tenemos un poquito de vulnerabilidad, ¿no? No sé qué es, pero hay algo, una sensibilidad o algo que te hace reaccionar ante la vida. El sentimiento y la percepción de la vida son un poco diferentes, ¿no? Es verdad que a veces esa sensibilidad es un poco extrema. No sé cómo explicarlo, pero me atrevo a decir que cada artista tiene esa Momentos, como La Faruca El hijo de Farruca y Juan el Moreno no es de esos artistas que sólo dejan que su arte hable por sí mismo Farruquito se expresa tanto en el fondo como en la forma con un lenguaje claro, brillante y, si tuviéramos el Síndrome de Estocolmo, diríamos sensual, pues no tendremos idea.
Detrás de esos momentos cristalinos y destellos brillantes de la taberna, se dice que se esconde algo misterioso que nunca podrá definirse del todo, y ese es el “duende”. “Pero los elfos no vienen solos. Hay que llamar a los elfos”, advirtió, “y a veces los elfos te miran y dicen ‘voy a visitar a esta persona porque se lo merece’. Pero los elfos no visitan a cualquiera; de lo contrario, ¿dónde está la magia en esa cosa?”
——Eres un creyente y lo que describes es algo similar al proceso de encuentro con Dios descrito por algunos creyentes. Por favor, perdone mi comportamiento bárbaro.
– Bueno, sí, es un poco como esperar que Dios venga a hablarte un rato. No lo sé, creo mucho en esa afirmación, Dios es omnipotente y omnipresente. Así que no creo que tenga que ir a ningún lugar en particular para encontrar a Dios. Aquí viene.
Musa, inspiración, duende… ¿de dónde vienen, cómo y por qué? Preguntado por ello, Farruquito habló de “una especie de inconsciencia”. Así se lo explicó a su hijo Juan El Moreno cuando con curiosidad le dijo: “Oye papá, cuando voy a verte bailar, a veces te miro a la cara y no se parece a ti”. Es cierto. Bueno, si supiéramos las cosas al 100% no nos enamoraríamos, ¿verdad? No te enamoras analizando las fortalezas y debilidades de la persona que te gusta. No, te amo porque te amo, eso es todo, ¿verdad? Bueno, para mí “el arte es, te amo porque te amo. Eso es todo, cuanto menos interpretación tiene, más hermoso es”.
Durante la conversación, sentado en un salón vacío de la academia, inmediatamente surgió la figura de Farruco: “Era muy estricto con el baile flamenco. No te dio valor para decirte ‘ay, qué bien lo hiciste’, no señor, decía que eso era hacer trampa. Entonces a veces llegaba a casa frustrada y lloraba, y un día mi madre fue a hablar con él y le dijo: ‘Papá, este niño llega llorando casi todos los días'”. Abuelo: ‘Hija, ¿por qué es esto?’ Ella: “Bueno, no lo sé, pero tienes que entender que es un niño. ”
Todo ese amor, devoción y lucha de su abuelo le sirve ahora como herramienta a Farruquito para intentar enseñarle a su hijo a ser bailarín. “Este es el mismo colegio donde estudié, y sus fundamentos son el respeto, la verdad y la perseverancia. Mi abuelo me dejó claro que es hobby, respeto, amor y trabajo. Cuando lo olvido, a veces mi padre me lo recuerda, a veces mi madre me lo recuerda”.
Pero además de las bases técnicas del baile flamenco, Farruquito también intentó darle otra lección a su hijo. A esta clase la llama flamenco. Insiste en que es algo que podría encontrar su camino en la forma de bailar de Michael Jackson -a quien siempre ha citado como una de sus influencias directas- o en la forma de cantar de Aretha Franklin o en el claqué de su abuelo Farruco. “La flamencula es una filosofía, una actitud. Por eso Michael Jackson es quien es, por eso te olvidas que lo estás viendo bailar, lo estás escuchando cantar, es más como si lo estuvieras conociendo, estás con él, es algo muy intenso, es algo misterioso”.
¿Se puede bailar flamenco sin ser gitano?
–¿por qué no? ¡seguro! Michael Jackson era el hombre más flamenco del mundo, pero no era gitano.
-¿Qué significa ser gitano?
– Bueno, para mí ser gitano significa no tener nada y sentir que lo tienes todo. Cuando tenemos menos, somos el pueblo más feliz del mundo, y esos somos los gitanos. Eso lo trasladas al arte y a la filosofía de vida, y eso lo resume todo, porque en la danza pasa lo mismo. A lo largo de la historia de la danza, algunos gitanos han sido desatendidos e incluso han muerto de hambre. Tal vez sean los maestros de todas las personas exitosas de hoy, ¿no es así?
-¿Sigue habiendo racismo contra los gitanos?
– Es inevitable, lamentablemente creemos que hemos evolucionado mucho, y como dijo, no sé si fue Chaplin, mientras haya niños por ahí muriendo de hambre, los humanos no estamos evolucionando en nada. Bueno, mientras exista el racismo, los humanos no evolucionaremos. El racismo existió y existe todavía para los gitanos.
——¿Hay alguna razón por la que al flamenco se le llama el sonido olvidado?
– Por supuesto, el primer flamenco que conocemos no es más que una expresión gitana. Estas personas tienen una forma de vivir y de ser. Entonces termina cantando y bailando de cierta manera. Entonces, es normal que los gitanos tengan una experiencia más cercana al flamenco, pero creo que cualquiera que tenga muchas ganas puede llegar a ser un buen artista flamenco.
—“Bailamos nuestras penas por solares y cantamos nuestras alegrías por bulerías”.
-Eso está bien, ¿verdad? Es que los gitanos somos así. Cuando estoy triste, no puedo hablar con nadie. Sin embargo, salí a la calle y me puse a cantar. Y mi tristeza se alivió.
– Pero eso es porque es un cantante frustrado.
-¡Jajaja! Y, efectivamente, yo era un cantante frustrado. Mi papá canta muy bien y soy un gran admirador suyo y eso lo vuelve loco. Le dije: “Papá, ¿cómo es la granaína? ¿Cuál es la diferencia con la granaína media? Y entonces, ¿la taranta de Linares es lo mismo que el taranto de Almería y Cartagena?”, y así… Entonces un día mi padre me cogió y me dio todos los discos de Antonio Mairena, pero en casete, y me dijo: “Aquí, chico, hasta que no la escuches 10 veces lo entenderás”. ¡Déjame calmarme! “
Por eso, desde muy pequeño, a Juan Manuel Fernández Montoya le encantaba cantar. Incondicionalmente. Tenía 10 años y pasaba sus días escuchando la música de Tomás Pavón, La Niña de los Peines, todos los fandangueros, José Cepero y Pepe Palanca, Antonio el Rubio y Dolores Abril, Juanito Valderrama y Caracol. Se dice que lo que más le gusta en el mundo al bailarín Farruquito es cantar. “Cambié todo el baile a la mitad del canto”.
-¿Ah, de verdad?
——Con los ojos cerrados. Estoy saltando por esa ventana ahora mismo. Cantar es lo más hermoso inventado por Dios o por la vida.
Pero no todo es cante jondo, ni todo son fandangos, alegrías o bulerías, ni todo es debate sobre ortodoxia o herejía artística. tu serás faruquito…incluso en la vida real de Juan Manuel Fernández Montoya. Desgraciadamente, un elemento de la biografía del personaje -sin duda el más lamentable, la muerte repentina de su padre delante de él en un concierto en Buenos Aires hace 25 años- perdura en la película. Lo hace porque su protagonista lo quiere y lo acepta, y fue condenado el 5 de septiembre de 2006 por la Audiencia Provincial de Sevilla a dos años de prisión por homicidio imprudente y a un año de prisión por desatender la obligación de prestar asistencia. Se trataba de un repaso de la primera condena del Juzgado de lo Penal 8º de Sevilla, en la que Farruquito, de 20 años, atropelló al peatón Benjamín Olalla el 30 de septiembre de 2003 en Sevilla antes de huir y morir horas después. Según fuentes judiciales, Farruquito pasó un total de 14 meses en la prisión de Sevilla tras recibir diversos beneficios penitenciarios por ser un “preso modelo”. él caso farruquito En su momento, no sólo revolucionó el mundo del flamenco sino que también fue noticia en los medios españoles.
– Una vez dijo que algún día diría la verdad y mentiras sobre lo sucedido. ¿Ha llegado ese día?
— A ver, en esta película creo que cuento eso. Había muchas noticias completamente falsas por ahí. Habiendo dicho algo que no tenía nada que ver con la verdad, me di cuenta de que sería inútil salir a defenderme, así que me quedé en silencio. Pero lo hice mal porque muchas cosas no son como se dicen. Tengo licencia de conducir, tengo seguro y no culpo a mi hermano. Ahora, lo que pasa es lo que pasa.
-¿qué pasó?
– Esta fue una decisión equivocada, la peor decisión de mi vida. Suelo pensar: Dios no permita que nadie pase por esto porque es lo peor del mundo que te cambia la vida entera en tan solo unas décimas de segundo. También hay un dolor de corazón que nunca desaparecerá. Un momento de miedo me hizo tomar la peor decisión de la que jamás me arrepentiré, he pedido perdón y he pagado el precio. Alguien dijo: ¡Dios, ojalá nunca hubiera sido la causa de semejante tragedia! Pero luego, con el paso de los años, también dijo, bueno, Dios mío, tú me diste esta prueba, así que ahora trato de ayudar a todos los que conozco.
——¿Hay uno o dos farruquitos?
——Por supuesto que hay dos. Y siempre lo será. Esto es irreversible. Esa persona está muerta. Ese Juan está automáticamente muerto. Queda otro.