A raíz del fallo de la Corte Suprema contra los aranceles de Trump, supimos que en Estados Unidos le han dado un nombre a una intuición democrática bastante básica: si una decisión política tiene enormes consecuencias económicas o institucionales, no puede basarse en una sentencia. … Ambigüedades ocultas en leyes antiguas. la llaman “Doctrina de las cuestiones importantes”. Traducido sin seriedad: Si el asunto es tan importante, que vote el parlamento. Esta doctrina no aparece en la Constitución. Es el edificio del Tribunal Supremo y se ha consolidado en los últimos años. La lógica es simple: cuando el poder ejecutivo pretende transformar todo un sector económico apoyándose en mandatos legales comunes (“regulación”, “coordinación”, “supervisión”), los jueces necesitan la autorización explícita de los legisladores. Sin que el Congreso adopte una postura clara, el poder ejecutivo no puede reemplazar ese silencio con imaginación.
Es un freno a una tentación muy humana al poder: tomar reglas escritas para una situación específica y extenderlas a situaciones completamente diferentes. Esta no es una violación manifiesta. Es algo más sutil: convertir las brechas en avenidas. La doctrina comienza con una premisa preocupante: las decisiones importantes deben ser políticamente rastreables. Si se rediseñaran los mercados energéticos, se impusieran aranceles enormes o se cambiaran equilibrio económico La soberanía del país, el Parlamento debe asumir el coste de la votación. No vale la pena esconderse detrás de un verbo amplio que fue aprobado hace décadas en otro contexto.
La pregunta interesante es qué pasaría si aplicáramos el mismo principio aquí. En España no existe una “doctrina de los grandes temas”. Pero sí sabe cómo gestionar las vulnerabilidades. El ejemplo más obvio es ampliar el presupuesto. La constitución establece que si no se aprueba una nueva cuenta, la cuenta anterior se ampliará automáticamente. Este es un mecanismo razonable para evitar el bloqueo institucional. La Constitución también establece -aunque se cita con menos frecuencia- que el gobierno debe presentar un proyecto de presupuesto cada año, incluso si luego es rechazado. La extensión es una red de seguridad, no un modelo de gestión.
Sin embargo, fue naturalmente defendido. vicepresidente montero La semana pasada – una persona puede permanecer en el poder durante varios años con una cuenta ampliada porque “la Constitución lo permite”. Ésta es una interpretación políticamente problemática. Convertir las excepciones en rutina cambia el equilibrio entre el ejecutivo y el legislativo. El gobierno mantuvo la iniciativa, mientras que el Parlamento perdió la oportunidad de debatir y redefinir prioridades.
La doctrina estadounidense logró evitar el mismo patrón esta vez: utilizar pronósticos diseñados para abordar contingencias específicas como base para decisiones estructurales. Esta no es una discusión sobre legalidad estricta. Se trata de preguntar por la calidad democrática del proceso. Cuando los gobernantes descubren que pueden confiar en la automatización, el silencio regulatorio o una amplia delegación de autoridad para evitar votación incómodalos incentivos son claros: menos negociación, menos desgaste, más discreción.