Maette Flores afronta la recta final de las elecciones de dirección de la USC, convencida de que su candidatura representa el cambio que demanda la comunidad universitaria. El profesor de óptica defiende un modelo institucional más abierto, internacional y menos burocrático. miércoles 11 … En las elecciones, Rosa Krugelas competirá por el puesto de directora.
A medida que se acerca la segunda ronda de votación, ¿cuál es su interpretación de los resultados de la primera ronda?
Somos candidatos que surgen de la base de la universidad, formados por personas que trabajan allí y saben exactamente lo que queremos hacer. No estamos aquí para ganar medallas, sino para seguir trabajando por la institución. Confiamos en que la comunidad universitaria lo vea y confíe en nosotros. Sentimos que en la primera vuelta fuimos de menos a más y en la segunda seguimos sintiendo cada vez más apoyo de la comunidad universitaria. Sabíamos que el partido aún continuaba, pero si hubiéramos tenido una semana más habríamos ganado por goleada. Estamos muy agradecidos por el cariño y apoyo que hemos recibido estos días.
Durante toda la campaña insistió en la idea de un “espacio común” para la universidad. ¿Qué encarna este concepto?
Tiene muchas dimensiones. Se trata de crear espacios para la convivencia y el diálogo. La universidad es de todos, lo que implica dar cabida a toda la comunidad universitaria: personal técnico, directivo y administrativo, profesorado y estudiantes. Los estudiantes deben formar parte de un proyecto global que incluya educación de calidad, espacios de convivencia, participación cultural, espacios deportivos y vida universitaria. Queremos integrar todo esto de forma coherente. También aspiramos a crear una universidad que se convierta en un referente no sólo en Galicia sino también en Europa. Allí propusimos crear un vicerrectorado de internacionalización para atraer talento, acoger el talento y cuidarlo para que no acabe marchándose. Otro ámbito importante es la digitalización: llegó para quedarse y no podemos permitir que las universidades rechacen este cambio.
Uno de los debates fundamentales de estas elecciones es el papel de la USC dentro del sistema universitario y de la sociedad gallega. ¿Qué papel deberían jugar las universidades en los próximos años?
Las universidades deben convertirse en motores de la sociedad. Tienes que tirar de ella y darle la respuesta. Esto significa ofrecer titulaciones que cubran las necesidades reales y los cambios que se están produciendo. También significa apostar por la investigación y la transferencia de conocimiento, porque tenemos la responsabilidad de apoyar a nuestra sociedad y formar a nuestros graduados que serán el futuro de esa sociedad. Además, creo que la universidad debe ser un espacio donde se respeten las ideas. En este movimiento, a veces la gente intenta evitar esto diciendo que ciertas cuestiones no son relevantes, cuando en realidad lo son.
También existe un intenso debate sobre el futuro de las titulaciones de ciencias de la salud y medicina en el sistema universitario gallego.
Tenemos un convenio firmado entre las tres universidades del Sistema Universitario de Galicia que crea un marco de confianza que creo que debemos cuidar. No queremos ser responsables de violar este acuerdo. Pero debemos trabajar duro para garantizar que la enseñanza que brindamos cumpla con nuestros requisitos. Por eso propuse como Representante de Ciencias de la Salud a Enrique Domínguez, con quien trabajo desde el inicio de este proceso. También critiqué la decisión de un candidato rival de incluir en el campo a José Ramón González Juanatey (quien tuvo que dejar el cargo a los cinco meses porque ya no era profesor). Es un hombre de gran prestigio profesional, pero creo que en este momento necesitamos un liderazgo sólido y estable para defender nuestras carreras, no sólo la de Medicina.
La campaña no ha estado exenta de momentos de tensión, con acusaciones de que su candidatura estaba financiada políticamente y denuncias de bulos en las redes sociales. ¿Cómo calificaría el tono de este debate?
Hacia el final de la primera vuelta vimos crecer nuestra candidatura, aunque no nos gustó el cambio en el tono del debate. Somos una universidad y somos académicos. Cuando decidí postularme, mi esposo me dijo que esto es política. Le respondí que eso era política universitaria, que era otra cosa. Pero a veces parece tener implicaciones políticas muy negativas. Creo que la comunidad universitaria también se siente incómoda con este ambiente, por lo que creemos que nuestro programa está recibiendo cada vez más apoyo.
Si finalmente fuera elegido canciller, ¿cuál sería la primera iniciativa que le gustaría lanzar?
Si podemos hacerlo, y esperamos que podamos hacerlo, primero debemos agradecer a la comunidad universitaria por su confianza y ponernos manos a la obra de inmediato. Hay mucho por hacer, pero algunas cosas se notan rápidamente. Queremos poner al estudiantado en el centro de la universidad y agilizar procesos administrativos, como algunas apelaciones a plazas que actualmente están paralizadas. Detrás de estos procesos hay personas esperando y hay necesidades de docencia e investigación que las universidades deben atender.
Si miras hacia atrás dentro de unos años y hablas del tiempo de Maite Flores como presidenta de la USC, ¿qué legado esperas dejar atrás?
La USC tiene más de cinco siglos de antigüedad. Si llegara a ser directora, no querría colgar el medallón de ser la primera mujer en ocupar ese puesto. Espero ser alguien que más gente me siga. Espero que mi tiempo contribuya a este cambio, haciendo que la universidad esté un paso por delante del sistema universitario gallego y se convierta en un referente en Europa. Por eso quiero pedir a la comunidad universitaria que en este momento no vote en blanco. En lugar de eso, deja que tu amor por nosotros se traduzca en tu voto. Si confían en nosotros, danos la oportunidad de seguir adelante.