El Evangelio de Mateo (2,1-12) cuenta la historia de unos reyes magos de Oriente que buscaban a un niño llamado Jesús y le regalaron oro, incienso y mirra. Trajeron regalos para el “Rey nacido de los judíos”. Ya sea Melchor, Gaspar, Baltasar o … Cuando estuvieron dispuestos a ser llamados, acompañaron el ataque contra el arquetipo del héroe malvado Herodes, ni sugirieron que era hora de usar su sabiduría en una rebelión para poner fin al imperio invasor ni nada por el estilo. La Noche de los Reyes Magos hace precisamente eso: reconocer la bondad de un niño acostado en un pesebre y, sin duda, disipar los temores de los padres adolescentes.
Mañana celebraremos una noche de dar sin represalias, un momento en el que los regalos deben reconocerse en lugar de aceptarse, un momento especial en el que el mundo comienza a convertirse en una estrella en el cielo, no para destruirla sino para alabarla. Es un hecho, maravilloso o no, que los seres humanos despiertan bajo el estímulo de la bondad. Dos mil veinticinco años después, el culto a los Reyes Magos sigue despertando nuestra compasión porque es una de esas raras ocasiones en las que nos atrevemos a admitir que estamos unidos no contra alguien sino en apoyo de la inocencia de un recién nacido. Esta criatura tiene la capacidad de hacernos creer que aunque podemos elegir hacer el mal, también podemos hacer el bien. Una noche llena de regalos, no para un rey poderoso sino para un hombre vulnerable y en problemas en las afueras de Belén.
El destinatario del regalo fue el Niño Dios, pero el beneficiario éramos nosotros, los humanos que hemos estado luchando desde entonces pero sabiendo que es posible dar algo a alguien sin esperar nada a cambio. Da sin afán de recibir, sacrifícate para conseguir una sonrisa. De esta manera, y sólo así, podremos entender que dos mil años después, sigamos saliendo a la calle a ver llegar los desfiles, preparemos zapatillas, calcetines, leche, galletas, nos levantemos temprano en las vacaciones y veamos la sonrisa de un niño que, en lugar de devolvernos el dinero que le dimos, seguirá pidiéndonos dinero hasta que tenga hijos propios y pueda hacerles lo mismo.
Mañana por la noche y el día seis se comercializarán, pero encarnan generosidad. Los padres y los niños pueden quedar cegados por el color del envoltorio y frustrados por no recibir un regalo o un reconocimiento por el éxito de su rey favorito. Todos asistirán a otro festival de consumo, sin darse cuenta de que continúan haciendo lo que hicieron porque alguien una vez decidió llevar oro, incienso y mirra a un hombre que no tenía intención de gobernar un país, sino de recordar en lo más profundo y secreto de nuestros corazones que el amor lo puede todo. d
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