Alejandro Gil Fernández, ex viceprimer ministro y ex ministro de Economía de Cuba, quien fue un líder de gran confianza del presidente cubano Miguel Díaz-Canel hace dos años, fue sentenciado a cadena perpetua por más de una docena de cargos, incluidos espionaje y “traición”. El Tribunal Supremo Popular de Cuba anunció el lunes su veredicto contra Gil, culminando la estrategia política y judicial del régimen que comenzó en febrero de 2024 con la repentina renuncia de Gil. El tribunal concluyó que Gill “engañó a los dirigentes del país y al pueblo que representaba, provocando con ello daños a la economía”, y señaló que “la traición es el delito más grave y quien la cometa será objeto de las sanciones más duras”, informó EFE.
El ex ministro fue responsable de impulsar la reforma monetaria, un proyecto gubernamental clave. Díaz-Canel le envió un “abrazo de agradecimiento” tras su despido. Sin embargo, con el paso del tiempo, ella empezó a distanciarse de él. Aseguró que había cometido un “grave error” por el que estaba siendo investigado y declaró que tendría “tolerancia cero” al respecto.
El 31 de octubre, la Procuraduría General de la República emitió un comunicado oficial anunciando que tras una investigación realizada por el organismo del Ministerio del Interior que “garantiza el debido proceso”, Gil Fernández fue declarado culpable de “espionaje, actos lesivos de actividades o contratos económicos, corrupción, cohecho, falsificación de documentos públicos, evasión fiscal, tráfico de influencias, lavado de dinero, violación de normas de protección” y otros delitos. Se roban y dañan documentos confidenciales y documentos u otros elementos bajo custodia oficial. ”
Si bien el exministro tuvo la responsabilidad más significativa en la gestión del desastre económico de Cuba durante el sexenio comprendido entre 2018 y 2024, lo cierto es que la crisis fue un problema estructural que escapaba a su toma de decisiones. La destitución y la primera declaración de Díaz-Canel, el cambio de postura y el posterior anuncio de la acusación contra Gil Fernández ilustran las tensiones existentes en el seno de las instituciones gubernamentales de La Habana.