La segunda jornada de la cuarta jornada de “Tauromaquia y Cultura”, organizada por la Fundación para la Investigación Taurina y con el patrocinio de la Real Maestranza de Cavalleria de Sevilla y la Fundación, contó este miércoles con una mayor asistencia que la primera sesión celebrada el día anterior.
ese dia … Previamente participaron en el acto Beatriz Robledo, subdirectora del Museo Americano, y Fréderic Saumade, profesor de la Universidad de Aix-Marseille. Discutieron la cultura del toro en Estados Unidos desde una perspectiva antropológica y contaron la evolución del toreo durante el período colonial hasta su origen en México. Fue entonces cuando intervinieron Escadil González EstevezProfesor de la Universidad de Sevilla, Jorge CioccaProfesor de la Universidad de Málaga, su conferencia se centró en los tiempos modernos: primero, la desconocida tradición taurina en Chile; segundo, la fiesta en el Virreinato del Perú, pero sobre todo la dimensión política.
“Tauromaquia en Australia: Fiesta en Chile”
Escardiel González Estévez inició su conferencia “Tauromaquia austral: Fiestas en Chile” afirmando que su investigación fue “resultado de un error de bibliotecario”. este “La errónea y común creencia de que Chile casi no tiene toros”Existiendo entre numerosos estudios, fue el punto de partida de un viaje que comenzó como una tesis de maestría hace diez años y finalmente se expandió hacia una dirección de investigación integral.
La profesora comienza en 1548, la primera mención de la llegada del ganado a suelo chileno, y divide su exposición en dos partes: el toreo en el Reino Antiguo de Chile y el período posterior a la independencia marcado por el abolicionismo y la resistencia.
Durante el período colonial, predominaban las corridas de toros festivas ceremoniales de carácter caballeresco, las corridas ordinarias asociadas con el calendario litúrgico, como la celebración del santo patrón de Santiago el 25 de julio, mientras que las corridas de toros extraordinarias estaban asociadas con eventos civiles, desde sucesiones reales hasta recepciones de gobernadores, o celebraciones de élite como bodas. Desde mediados del siglo XVII hasta 1823, la fiesta evolucionó hasta convertirse en un espectáculo taurino con dimensión económica destinada a financiar obras públicas o fines benéficos. Este cambio favoreció el desarrollo de actitudes nativas, desde el miedo hasta el dominio de los animales.
Según explica, uno de los documentos más reveladores es la “Tabla de Ceremonias y Ceremonias del Ayuntamiento”, en la que se detallan los rituales de la fiesta: empezando por la limpieza de la plaza, luego la entrada del alcalde y seis toreros destacados (lo que indica la presencia de más toreros), la lidia con los toreros a caballo, la posterior intervención de los toreros a pie con lanzas cortas, y finalmente la muerte del toro.
En el siglo XVI, “como había sucedido en otros lugares, surgió la confusión sobre las bulas papales y, tras la prohibición de 1567, se exigieron permisos para el encierro”. En el siglo XVII, sin embargo, Monseñor Villarro fue protagonista de una de las primeras y raras defensas taurinas modernas.concluyó que “las corridas de toros no son un delito capital”.
Poco después, en el siglo XVIII, aumentaron las tensiones entre el poder civil y eclesiástico. Algunos arzobispos han criticado las corridas de toros como fuente de embriaguez y promiscuidad. Sin embargo, en 1760, las autoridades civiles ordenaron la construcción de una plaza de toros. Con el paso del tiempo y las tendencias abolicionistas ganaron terreno, las celebraciones continuaron en secreto o en forma simulada, incluyendo incluso la aparición de un torero español.
El profesor concluyó que el toreo nunca arraigó en Chile y casi desapareció de la memoria colectiva, tanto es así que hoy muchos chilenos se sorprenden con este pasado.
Virrey y toro en el Virreinato del Perú
Jorge Chauca analiza el papel político de la tauromaquia en la América española en los siglos XVIII y XIX, titulado: “Gobernadores y Toros: Autoridad y Celebración en la América Hispana”.
El docente destacó la “gran presencia histórica, actual y futura” del toro en el Perú, explicando que su discurso se centró en el uso político del toreo por parte del gobernador. En el contexto peruano –“que no se limita a Lima, porque hasta en la montaña hay más ganado”– las celebraciones taurinas son eventos de cohesión social vinculados a identidades imperiales y locales.
En las monarquías, donde se gobernaban ciudades y no territorios, “las corridas de toros reforzaban la autoridad del rey y legitimaban el orden establecido”. El toro simboliza lealtad y legitimidad, y en lugares como Cusco, el toro aparece junto a elementos nativos como el sol y la luna.
Jocca destacó que la Plaza de Toros de Acho fue inaugurada el 30 de enero de 1766. Es la plaza de toros más antigua de Estados Unidos y una de las más antiguas del mundo. Antes de su construcción definitiva, las celebraciones se realizaban en la Plaza de la Precariat o Plaza de Armas (hoy Plaza Mayor de Lima).
El ciclo celebrará mañana su tercer y último encuentro, que concluirá con una mesa redonda final en la que participarán la fotógrafa Anya Bartels-Sourmondt, el empresario taurino José María Garzón, el patrono de la Fundación de Investigación Taurina Víctor Vázquez y Fátima Halcón.