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El gobierno de Estados Unidos está tomando una serie de acciones. No tienen vacaciones de Semana Santa. Lo mismo se aplica a las víctimas de la guerra que Trump está librando junto a Netanyahu en diversas sociedades. Trump y sus títeres están exhibiendo síntomas del síndrome de “vivo y no vivo en mí”. El presidente parece pasarse el día soltando invectivas ante la cámara o disfrutando de los elogios que le dedica su equipo, lo que resulta más que molesto. Aparentemente, les preocupa que el líder psicópata de la Casa Blanca se pase de la raya (más) y luego los eche.

Eso es lo que le hizo a la fiscal general Pam Bondi, quien hizo todo lo posible para complacerlo como jefa de las fuerzas del orden de Estados Unidos. Esto no es suficiente. A Trump le preocupa el hecho de que ella no está tan concentrada en aplastar a sus enemigos estadounidenses como lo está el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y lo que él señala al mundo exterior. O el vicepresidente Vance y el secretario de Estado Marco Rubio en sus distintas áreas. También le contó a Bundy sobre su manejo del caso Epstein, lo que no hizo feliz a nadie, dijeron. Yo diría que al menos las víctimas lo sabían, pero no Donald porque sabía lo que había hecho y temía que muchos otros lo supieran.

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