Colombia ha estado viviendo al borde del Mundial. Es un hermoso caso atípico según la definición común: capaz de tallar las obras de arte más poderosas, pero al minuto siguiente colapsa bajo el peso de su propia mística. Excepto por el flasheo … Ya sea Italia 90, la resistencia rusa de 2018 o el idílico verano brasileño de 2014 con James Rodríguez bailando bajo la luz de la luna en Río de Janeiro, la cafeína rara vez aparece en las libretas del equipo cuando se la tiene en cuenta. Colombia es el telonero del ritmo, el color y la gloria.
Pero los mitos deben derribarse y esta generación ha decidido cambiar el guión. Hace menos de dos años, la cancha de Miami se llenó de lágrimas mientras presenciaban la derrota en tiempo extra de la Copa América contra Argentina. El gol de Lautaro Martínez fue un golpe contundente y de esos que dejan cicatriz. En este deporte, sin embargo, el dolor es un combustible que se quema rápidamente. Esas lágrimas se evaporaron, haciendo aún más intensa la atmósfera de este Mundial norteamericano. Hoy, la selección colombiana dirigida por Néstor Lourenco se ha convertido por derecho propio en una de las mejores selecciones del Mundial. Granite Structure, invicto y convincente, ve los cuartos de final como el próximo precio en el camino hacia la grandeza.
El camino hacia los octavos de final en el estadio de Vancouver no es un desfile, ni mucho menos. El vestuario colombiano se ha transformado en los últimos días en una trinchera médica. Un virus implacable (que recuerda al espectro del “virus del camello” que devastó a Francia en el Mundial de Qatar 2022) hace estragos entre los futbolistas. “Hay un virus muy resistente ahí fuera”, admitió el capitán James Rodríguez.
La sangrienta escena contra Ghana en dieciseisavos de final empeoró las cosas. Jhon Córdoba, pivote del ataque, se fracturó el aductor izquierdo. Lágrimas brutales lo separaron del resto del Mundial. Luis Suárez ocupó su lugar. El indomable delantero del Sporting de Gijón, que ha soportado mil batallas en la segunda división española, afronta ahora una oportunidad de oro: reivindicar su titularidad con un gol que sigue siendo esquivo en este partido.
A pesar de la plaga y los contratiempos, los ladrillos no se agrietaron. Si bien los gigantes de la Copa del Mundo han tenido problemas en al menos un partido hasta ahora (como España y Argentina contra Cabo Verde, o Francia contra Paraguay en octavos de final), Colombia ha salido de esa situación con una solvencia impecable. Se clasificó como líder del Grupo K tras vencer a Uzbekistán (3-1), Congo (1-0) y firmar una tregua táctica con Portugal (0-0), antes de sellar su pase a octavos de final con Arias ante Ghana (1-0). Ha habido cuatro porterías a cero en los últimos cinco partidos de la Copa del Mundo. Esta Colombia ya no es decorativa; Esta Colombia muerde.
Para entender este momento de rivalidad hay que mirar a las dos figuras que representan el fútbol colombiano. En el centro del tablero está James Rodríguez. Cuando su carrera en el club ya no parecía satisfactoria, el ’10’ vivió una transformación divina al ponerse la camiseta de la selección nacional. Esta es su armadura. Si James es el organizador de este grupo, Luis Díaz es el látigo. El extremo del Liverpool es el más grande de todos, la encarnación del desequilibrio, el jugador que puede inclinar el campo hacia la izquierda.
Suiza invicta
Este martes (22:00 horas) en Vancouver, no hay lugar para conjeturas. Al otro lado del campo nos espera la Suiza de Murat Yakin, la eterna “cobertura” de este antiguo continente nunca revelada del todo. Después de derrotar a Bosnia (4-1), al anfitrión Canadá (2-1) y a Argelia (2-0) en la primera ronda, este equipo devoró silenciosamente a los favoritos y llegó en forma imperial. Con Michel Aebischer como única duda en el habitáculo, los suizos confiarán su suerte en dos pivotes gemelos de hormigón armado formados en granito.
Antes del pitido inicial, la historia apareció en el marcador. Sólo hay un precedente mundialista entre ambos: el 2-0 de Colombia en la versión estadounidense de 1994. Desde entonces, el fútbol ha cambiado de piel, pero la obsesión de la gente por el fútbol sigue siendo la misma. Suiza espera romper una maldición que le ha impedido cruzar las fronteras de los últimos 16 países desde los años 1930 y 1950. Colombia está tratando de sacudirse la sombra de su tanda de penales de 2018 contra Inglaterra y demostrar que su techo ya no está donde estaba en los cuartos de final hace 12 años.