Si cada febrero sientes que el mundo se llena de amor, cenas a la luz de las velas y menús preparados para dos, quizás este año sea el momento de cambiar de aires. No todo el mundo quiere celebrar San Valentín con flores y brindis románticos, ni mucho menos, a veces lo que más apetece es todo lo contrario: elegir un destino, un grupo de amigos y un plan nada dulce.
Viajar con amigos siempre es un plan divertido cuando hay confianza. Hay risas, variedad de planes, flexibilidad y ganas de pasar un buen rato. Puedes aprovechar la mañana para una visita cultural, alargar la comida sin prisas, acabar el día en un bar con música en directo o cambiar de ruta si surge algo interesante. El resultado suele ser un fin de semana diferente, y la experiencia compartida es perfecta para cuando quieres salir de la rutina y hacer algo diferente en equipo.