El gobierno de José Antonio Castro ha establecido los primeros lineamientos del Centro de Cumplimiento Penitenciario Tiertil (antiguo Penal de Punta Peco), donde desde 1995 han cumplido sus condenas más de 130 ex uniformados sentenciados por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Al final del gobierno del izquierdista Gabriel Boric, la prisión cambió su estatus especial a prisión regular, medida criticada por la derecha pero que el actual administrador no tiene intención de revertir. El plan original era garantizar que la Gendarmería (Servicio Penitenciario) ya no albergara a más presos generales y mejorar la infraestructura del centro, donde la mayoría de los reclusos son octogenarios. Mientras tanto, se están construyendo nuevas celdas en las antiguas canchas de tenis y los representantes de los presos trabajan para garantizar que no pierdan los beneficios que reciben.
Castells fue el primer presidente de Chile que votó a favor de la reelección de Pinochet en el referéndum de 1988. En 2017, durante su primer viaje de campaña a La Moneda, dijo que votaría por el dictador si aún viviera, y ese mismo año visitó a exagentes que cometieron crímenes de lesa humanidad en Punta Pueco. “Además de las sentencias, los soldados y los civiles merecen justicia. Hoy, en muchos casos, la venganza tiene prioridad sobre la justicia”, afirmó entonces. Respecto a la reconversión de las cárceles ordinarias, el presidente dijo en una entrevista con una emisora de radio local el 31 de marzo que se trataba de “una decisión que marca una línea política”. Los presidentes anteriores no hicieron esto. “Creo más en esta línea que en la del presidente Gabriel Boric”, señaló. En la misma conversación, no descartó indultar a los condenados por violaciones de derechos humanos. “Analizaremos cada caso individualmente”, dijo, añadiendo que se evaluarán todas las solicitudes presentadas formalmente.
Cuando fue convertida en prisión general en noviembre del año pasado, la prisión, ubicada en la comuna de Tiertier a 44 kilómetros de Santiago, albergaba a 142 presos, la mayoría de los cuales eran ex personal de inteligencia y seguridad que pertenecieron a la policía secreta de Pinochet, el Servicio Nacional de Inteligencia y la Agencia Nacional de Inteligencia, durante la dictadura. Según datos de la gendarmería actualizados el 28 de febrero, actualmente son 148. Según las estadísticas, hay al menos 3 internos comunes. Canal 13en cuarentena según lo exige la institución. Los criterios de la gendarmería para los nuevos presos son que sean hombres mayores de 60 años, que no representen un “alto potencial de violencia grave” y que tengan un “compromiso criminal” medio a bajo. El primer recluso en entrar en esta categoría es Clemente Espinoza, de 75 años, quien cumple una condena de 15 años desde 2012 en el Centro de Detención Preventiva Santiago Sur, una antigua cárcel ubicada cerca del Centro de Justicia.
Uno de los argumentos que la administración Custer pretendía defender para impedir el ingreso de más presos generales fue que la prisión tenía más reclusos que su capacidad (133). La tasa de superpoblación actual es del 111%, en comparación con el promedio nacional del 149%. La directiva aún no ha sido comunicada a la Gendarmería, que el jueves se unió a las fuerzas del orden y de seguridad pública y pasó a depender del Ministerio de Seguridad Pública, dirigido por Trinidad Steinert, en lugar del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.
Durante varios meses, en el terreno de una de las dos canchas de tenis de la prisión se construyeron celdas para 32 reclusos, cada una con su propio baño y ducha. Debido a la antigüedad de la prisión, cada celda tiene dos camas en lugar de literas. El gobierno de Borik ha anunciado que estarán listos en febrero, pero Canal 13 Las instalaciones fueron visitadas a principios de marzo cuando aún se encontraban en fase de construcción. Lo mismo ocurre con la instalación de nuevas áreas de generación de energía y plantas de tratamiento de agua.
Los cambios en el estatuto penitenciario, establecidos en 1995 durante el gobierno del demócrata cristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1994-2000), significaron que se restringieron los beneficios que recibían los presos. Esta semana, la Corte de Apelaciones de Santiago anunció que aceptaría un recurso de protección interpuesto por la abogada Carla Fernández a favor de 149 reclusos que exigen el retiro de las máquinas expendedoras de bebidas en los centros penitenciarios. Fernández afirmó que según segundola prisión no tiene agua potable y las máquinas son la única fuente de hidratación autónoma para los presos, además de pagar por ellas. En febrero de este año, la Corte Suprema confirmó la decisión de la Corte de Apelaciones de Santiago de retirar de los centros penitenciarios electrodomésticos, entre los que se encontraban 105 refrigeradores, 73 televisores, 74 calentadores, 29 hornos, microondas y hervidores eléctricos, y 10 lavadoras y secadoras, según registros publicados por medios locales.
Las personas cercanas al ex recluso uniformado (familiares, abogados, ex soldados) ofrecieron una variedad de teorías. Desde la retirada de los electrodomésticos hasta la presencia obligatoria de gendarmes cuando los presos acuden a la enfermería. Una de las mayores preocupaciones de la administración Custer sobre las condiciones de los veteranos era la disponibilidad de camas. Según información que tienen, que el medio no pudo confirmar a Gendarmería, reconvirtieron el comedor en habitaciones y ahora tienen instalado un comedor en medio del pasillo porque varios presos no podían subir a las literas debido a su avanzada edad. No hay planes de ampliar las infraestructuras ya construidas, pero no descartan construir en terrenos que aún están disponibles, aunque reconocen que el presupuesto para hacerlo es un problema.
Los reclusos del ex penal de Punta Peco también han sido objeto de debate sobre un proyecto de ley presentado por un grupo de legisladores que permitiría penas alternativas para reclusos mayores de 70 años con condiciones médicas graves, lo que podría beneficiar a ex uniformados. A principios de marzo, el Senado aprobó en términos generales el proyecto, que ahora se encuentra en su primera fase. El ministro de Justicia y Derechos Humanos, Fernando Rabat, que formó parte del equipo de abogados que defendió a Pinochet en los años 2000, no se ha pronunciado al respecto, argumentando que el proyecto suma cientos de señales y por lo tanto sería inadecuado hacer una donación mientras el proceso continúa.
Fabiola Campillai, senadora independiente recientemente elegida para presidir la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Alta, y Alicia Lira, presidenta del Grupo de Familiares de Ejecutores Políticos (AFEP), escribieron el miércoles al Presidente Castro pidiéndole “no indultar a los responsables de crímenes atroces2 y, además, no apoyar proyectos de ley que buscan conmutaciones de sentencias con el pretexto de “justificación”. En la carta, también critican el despido de tres responsables del Programa Nacional de Búsqueda, Verdad y Justicia, responsables de 1.469 personas desaparecidas desde la dictadura, aunque Rabat argumenta que el programa “continuará según los mismos estándares”.