Esperar durante horas por unos litros de gasolina, conductores atacándose unos a otros, sacando cuchillos y pistolas y agricultores que temen que sus cosechas se pudran en los campos sin diésel: la crisis del combustible en Rusia se está saliendo de control. Es precisamente la disrupción a la que Ucrania parece aspirar desde hace meses.
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