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Convertirse en un maestro de nuestro tiempo comienza con ordenar los detalles, como limpiar el día de esos ladrones que robaron nuestro tiempo y lo arruinaron antes de que los viera venir.

La forma en que trabajamos ya no funciona.“.

Estreno anual, Invitation utiliza clichés que, aunque se escuchan demasiado, todavía tienen su sabor pop. La Inteligencia Artificial, que es igual para todos y no es personal e intransferible como cada persona la encarna, me cuenta una lista interminable, de las cuales he elegido las más habituales: “Año Nuevo, Vida Nueva”, “Enero es el comienzo de todo lo que quieres”, “Sé el cambio que quieres ver”, “El futuro empieza hoy”, “Suelta el ayer y deja que el hoy sea un nuevo comienzo” porque reflejan dos cosas: avanzar en la vida, y las decisiones que tomas. El juego siempre sigue. Por eso parafraseo la frase que abre el resto del texto, atizando las brasas de mis sardinas: “La forma en que operamos ya no funciona”.

Una de las necesidades ahora es alejarnos de las locas actividades que matan nuestra vida diaria. Nuestra vida diaria está llena de tareas urgentes que debemos completar; sin embargo, la perspectiva tridimensional de la realidad, la perspectiva completa, nos dice que la clave no es qué tan rápido llegamos, ni cuántos, sino adónde llegamos. Para Ulises, en la próxima serie, ese lugar se llama Ítaca; En el caso de Putin, en otra serie que también podemos ver, se llama “Keep Power”. ¿Qué pasa contigo?

Carl Newport, profesor de informática y destacado autor de libros sobre humanización del trabajo, escribe en “baja productividad”, sus últimos tres principios:

1. Haz menos.

Trabaja para reducir tus obligaciones hasta el punto en que puedas imaginar cumplirlas mientras ahorras tiempo. Utilice esta carga de trabajo reducida para abordar de manera más decidida los pocos problemas que más le importan. Es necesario limitar el alcance de los diferentes trabajos que se realizan simultáneamente, desde metas, misiones o propósitos fundamentales hasta proyectos en curso y tareas diarias.

Convertirse en un maestro de nuestro tiempo comienza con ordenar los detalles, como limpiar el día de esos ladrones que robaron nuestro tiempo y lo arruinaron antes de que los viera venir. Realizar estas tareas se vuelve más fácil cuando está en modo piloto automático; son cosas en las que no tenemos que pensar porque los hábitos se ocupan de ellas de manera razonable.

Las conversaciones breves y habituales, exclusivas de los humanos, pueden reemplazar el tiempo y aumentar la eficiencia de las reuniones sin alma.

Hacer menos es la clave para hacer un buen trabajo. Divida la lista de proyectos en dos grupos: lista activa y contenedores. Se trata de que te hagas cargo de los problemas y los gestiones, en lugar de que te vengan a la cabeza y te empujen, invadiendo tu vida diaria. Consulte ambas listas y acostúmbrese a limpiar sus contenedores.

2. Trabaja a un ritmo natural.

Productividad en tranquilidad (baja productividad) rechaza resueltamente los planes de actuación que nos dejan con una constante sensación de urgencia. Siempre hay más trabajo por hacer y la atención se centra no en acelerar la ejecución de tareas importantes sino en lograr que se realicen en períodos de tiempo adecuados y con variaciones de intensidad que conduzcan a la excelencia. Los esfuerzos necesitan espacio para respirar y ser respetados, convirtiéndolos en fragmentos de una vida mejor, y no al revés: obsesiones y obstáculos. Necesitamos tomarnos nuestro tiempo, y frenar de vez en cuando será la fórmula mágica.

Trabajar con una intensidad implacable es artificial e insostenible (Cal Newport) En ese momento, puedes exudar una falsa sensación de utilidad; sin embargo, cuando se prolonga en el tiempo, nos aleja de nuestra verdadera naturaleza, genera tristeza y, desde una perspectiva puramente económica, es probable que nos impida desarrollar plenamente nuestras capacidades.

Integrar un ritmo tranquilo pero gradual en nuestra vida diaria sólo es factible en el contexto de una visión a largo plazo (por ejemplo, de tres a cinco años). Una vez que tenga una meta ambiciosa y contundente, adquiera el hábito de duplicar el tiempo que dedica a sus proyectos más relevantes. Un principio básico de la productividad silenciosa es que los grandes logros se construyen sobre la acumulación gradual de pequeños resultados a lo largo del tiempo. Los atajos no ayudan.

Dado que los humanos son demasiado optimistas al estimar cuánto tiempo llevará aprender, también puede resultar útil dividir la lista de objetivos en dos. Esto respalda los días en los que se dedica mucho tiempo a emergencias.

Cabe preguntarse: ¿y ahora qué? Trabajar a fondo significa centrarse en los esfuerzos importantes en lugar de darlo todo en un estado constante de ansiedad. Introducir la estacionalidad en la intensidad es otra fórmula eficaz. El lunes es un día para cuidar, por eso ellos cuidarán de ti. Evita empezar el lunes con ganas de comerte la semana y empieza el fin de semana con un ritmo más tranquilo.

3. Obsesionado con la calidad.

Estar 100% enfocado en la calidad de lo que estás haciendo hasta terminarlo, incluso a costa de no abordar otras oportunidades en el corto plazo, mejora la productividad inteligente y el dominio de la situación, y esta mentalidad nos hace más libres a largo plazo. Dedica tu tiempo a hacer algo que valga la pena, pero limita tu tiempo al mismo tiempo. No se trata de perfección, sino de mejora incremental.

Estos consejos me recuerdan una explicación de un importante comandante de una aerolínea: las cosas en su profesión deben manejarse una por una, ya sea en tierra o en vuelo, en lugar de todas a la vez, para cumplir con los dos objetivos principales de la compañía: seguridad y puntualidad. Para garantizar la seguridad y evitar el control del tráfico aéreo o retrasos (medios de retraso), el aeropuerto necesita llevar a cabo una gestión estricta de la calma, es decir: un avión al inicio de la pista de salida, varios aviones haciendo cola en la pista, una calle de rodaje tranquila y los aviones estacionados en la plataforma llegan gradualmente.

Volvamos a ese viejo dicho sobre el Año Nuevo: lo mejor está por venir.

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