Después de cerrar el barco, racionaremos el incienso para que puedan lavarlo sobre sus cabezas. Lo digo en honor de algunos de los augustos gremios que fundaron la Hermandad de Santa Marta, cuyos lamentos, muchas veces justificados, han entrado ahora en la fase de “saetero paso de quejío”. … Lo dice un amante de los bares, un practicante comprometido y un dogmático que, si se trata de lanzar tanques a las calles y rechazar los preceptos de las leyes Madrugada… que me lo niegue la hemeroteca. Pero una cosa es una defensa justa de la industria y otra es hablar con piedras de molino como la protesta respaldada por los empleadores contra los esqueletos de cajas que albergaban velas en el Plaza Bar de San Francisco.
Vi en el vídeo a uno de los “afectados” pidiendo que le quitaran los hierros para poder poner la mesa. Los comisarios de “El mundo es nuestro” le habrían preguntado: “¿Pero de dónde eres?”. Porque, quizá sea más sevillano que Alsiglo, pero parece de Burgos. El hombre, que sirvió de escudo humano, tendrá que despedirse de “Doce Familias” ya que los clientes que llenarán las casas esta Semana Santa permanecerán allí durante las tres semanas que se tarda en montar los palcos, pasándole factura. ¡Qué prueba más dura! No le echemos demasiada cera a esta bola, no la hay; sin embargo, si insiste, el ayuntamiento debería declarar abierta la plaza pública con foco en que esté abierta al público para evitar sanciones a los propietarios que se quejen. Por ello, Sevilla tuvo la idea de montar un palco, dadas las penurias que ha vivido desde 1890 en este céntrico enclave, que seguramente sería trasladado a Los Bermejares, donde no habría inconvenientes entre hermanos.
Es chocante que la industria, que tiene tantos problemas, como la fidelización de los empleados, esté cediendo a protestas como ésta, porque advierte de un síntoma de distracción mental. Con tantas confesiones sangrientas a los turistas, estos olvidan el valor de las emociones que generó en la ciudad la llegada de los palcos a la plaza. Esto es realmente doloroso para la propia industria y para el futuro de Sevilla y su Semana Santa. Pero lo habíamos discutido en el pub.