La reunión del Foro CELAC-África fue refrescante. Entre el 18 y el 21 de marzo, se reunirán en Bogotá delegaciones de dos regiones, que representan a más de dos mil millones de personas que comparten una memoria histórica común de atraso causado por largos procesos de colonización y esclavización, pero también un futuro común como “Sur Global”.
África, América Latina y el Caribe contienen casi el 60% de la biodiversidad del mundo. Casi dos tercios de las fundaciones ecológicas del mundo nos dicen que ambas regiones siguen siendo acreedoras ambientales del planeta, mientras que los países más ricos continúan huyendo del extractivismo y la guerra. La coordinación CELAC-África podría prever una acción global birregional coordinada dirigida a la paz, la lucha contra el cambio climático, la protección de la biodiversidad y más. El sistema internacional se ha erosionado en los últimos años a un ritmo que amenaza con devolvernos a la Era del Terror, y vale la pena recordar que durante la Segunda Guerra Mundial alcanzamos la escalofriante cifra de un promedio de 27.000 muertes por día.
Es un hito interregional y una fuerte señal política en el caos global desatado por Donald Trump, que busca hacernos ignorar el derecho internacional y reducir el multilateralismo a los intereses económicos de unos pocos. En 2026, las amenazas globales se intensificarán. Vemos líderes políticos secuestrados y asesinados, conflictos en Medio Oriente renovados, misiles sobrevolando para ver quién es el más varonil e intentando llenar la canasta con el mayor número de muertos. No olvidemos que Haití sigue sumido en una crisis devastadora y Cuba enfrenta un colapso energético bajo el peso de más de 200 sanciones estadounidenses.
La reunión también es importante para Colombia, ya que no es frecuente que el país mire a los países del Sur desde una perspectiva estratégica. Hace más de 30 años, durante el gobierno de Ernesto Samper, la presidencia de Colombia en la XI Cumbre del MNOAL en Cartagena demostró la necesidad de “centrarse en los pares” y no sólo en el Norte. Lo que está sucediendo hoy en CELAC-África refleja a otro nivel y en un nuevo contexto esta misma búsqueda del lugar propio del Sur Global.
El foro también va más allá de la enumeración de desafíos comunes y se configura como un espacio estratégico para el intercambio de experiencias, la articulación de posiciones comunes y el desarrollo de una agenda para el Sur global en los procesos de toma de decisiones internacionales. Asimismo, abre la posibilidad de promover reformas en instituciones como Naciones Unidas encaminadas a ampliar la representación e influencia de los países históricamente marginados en las decisiones que más les afectan.
En el contexto de caos global, América Latina y el Caribe tiene la responsabilidad de mantener su estatus de zona de paz en el mundo y cumplir con la declaración de la Segunda Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en 2014, cuando 33 países se comprometieron a resolver sus diferencias por medios pacíficos. Para cumplir con este compromiso, puede ser necesario discutir la necesaria reestructuración de la CELAC y otros mecanismos de integración. Necesitamos que la región tenga su voz en el escenario internacional para que la CELAC pueda funcionar como la cancillería de América Latina y el Caribe.
Si la CELAC se fortalece, podremos unir nuestra posición. Por ejemplo, responder a amenazas a la soberanía regional y definir responsabilidades y políticas de buena vecindad. No podemos seguir presenciando la asfixia del pueblo cubano, resultado de la crueldad de un cubanoamericano (Marco Rubio) que se resiente de lo que le quitaron, y de un presidente que tiene alma de emperador y corazón de depredador (Donald Trump), al mejor estilo Epstein. Tampoco podemos seguir observando el desmembramiento del pueblo haitiano, para quien América Latina y el Caribe tiene una responsabilidad histórica por su lucha pionera por la libertad.
La integración de América Latina y el Caribe no es una opción sino un imperativo histórico. Hoy, más que nunca, debemos asumir esta tarea con decisión, fortaleciendo nuestra solidaridad con las voces e ideas de una nueva generación para satisfacer sus necesidades sociales, económicas y culturales y construir una región sólida e inclusiva capaz de afrontar los desafíos del futuro.
Quizás la lección más importante de esta época es que incluso las pesadillas tienen un final. Quizás, después de presenciar el horror causado por Trump y la decadencia moral de algunos países occidentales, los propios estadounidenses vuelvan a encontrar su propio faro moral. Quizás entonces el mundo pueda reanudar una conversación seria sobre lo que significan hoy la democracia y la libertad. Al mismo tiempo, tenemos la responsabilidad de actuar con urgencia: abrir fronteras institucionales de solidaridad, proteger a los migrantes, defender el derecho internacional y transformar el diálogo entre América Latina y África en una verdadera alianza entre pueblos que comparten un pasado común pero, sobre todo, un futuro para el Sur Global.