No puedo decir si el algoritmo se acerca más al español o si los latinos lo conquistaron con él. “Oso de la habitación”. Así es como el rey de la música mundial y líder de las listas Bad Bunny explicó su batalla al New York Times. … De ABC Culture y de la lista de (casi) todos los demás: “Puerto Rico es una isla muy pequeña, pero siempre supe que con mi música, mi jerga y mi cultura, podría ser un gran puertorriqueño y tener éxito”. Intento llegar a tantos lugares como sea posible sin dejar de ser fiel a mis raíces. ”
También le preguntaron a Benito si no le preocupaba que mucha gente no entendiera su letra. El artista, seguro de saber que estaba en la cima, resolvió el problema canturreando: “¡No me importa!”. Cuando apareció en Saturday Night Live en octubre para anunciar que actuaría en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl (recordemos, 128 millones de espectadores), comentó en español: “Esto no es sólo un logro para mí, nos pertenece a todos (los latinos) y demostramos que nadie puede borrar nuestra huella en este país”.
Este dardo, por supuesto, va en oposición a las políticas de inmigración del presidente Trump. Por si no quedó claro, advirtió: “Si no entiendes lo que acabo de decir, tienes cuatro meses para aprender español”. Para los puertorriqueños, cantar en su idioma – Cervantes y Gabriel García Márquez– es incuestionable porque sabe que tiene un algoritmo bailando en sus manos, a diferencia de Ricky Martins, Enrique Iglesias, Shakira y Marc Anthony a finales de los 90, quienes se vieron obligados a cantar también en inglés para conquistar el mercado yanqui.
“La música ya no se busca sino que te la sirven mediante algoritmos”, lamentaba La Mala Rodríguez en este suplemento hace unas semanas. Ahora el algoritmo entrega “Bad Bunny” y “Rosalía” tras el tsunami de “Lux”, que según Spotify (el anillo que nos gobierna a todos), se convirtió en el disco más escuchado del mundo, desbancando a Taylor Swift. Hay una diferencia respecto a Karol G, Nicky Jam y Becky G: es una novedad que puertorriqueños y catalanes no sólo estén dominando el mundo del streaming, sino también conquistando a la crítica más educada y refinada.
Cracking de algoritmos
Debemos saber que al mantener la biblioteca de canciones de Alexander en manos de unos pocos, los consumidores –nosotros– somos más susceptibles a la supresión de los juicios personales de estos algoritmos. Como dije: en lugar de buscar en un cubo, la música te llega a casa sin preguntar. Es lo que Chinaro llama un “matón” en la misma página. Los artistas y sellos independientes están perdiendo la batalla contra el gigante monopolista de las nuevas tecnologías Goliat, pero siguen encontrando una salida.
Nuestra lista (votada por 11 críticos) lo demuestra, Rachid B, un músico y artista marroquí que llegó a Madrid hace veinte años y fue uno de esos a los que Trump le hizo imposible vivir en Nueva York, pero que se instaló en el barrio de Hortaleza donde nos trajo un precioso disco hecho entre amigos que casi sustituyó a Rosalía. Se trata de un viaje llamado “El Ghorba”, a través de la geografía del alma, similar al viaje que realiza Lorena Álvarez en “El poder sobre uno mismo” en San Antolín de Ibias, una España vacía.
El arte (ese otro arte, tan diferente en ambición y alcance al arte de Rosalía y Benito) siempre encuentra un camino, como la vida. Al igual que nuestra hereje cantante Rocío Márquez y su “Himno Vertical”, esta es una pieza experimental que todos disfrutarán. Equilibrio perfecto. O fuera de nuestras fronteras, The Lady Rider o Richard Dawson, para quienes el número de ejemplares, el criterio con el que se mide todo, no es justo. Mire por las grietas y no espere a que la luz brille a través de las ventanas.