Rodrigo Cuevas, ya cerca del estrellato, sigue viviendo en Vegarrionda, un pequeño pueblo de menos de 20 habitantes en la ciudad asturiana de Spilogna. Pero dice sin romance: “Las malas noticias vienen con ello. De hecho, tengo que volverme mucho más abstracto”. … Poder hacer este disco desde una perspectiva feliz, positiva, utópica. Sólo entonces podremos comprender que ha sido capaz de crear una “Manual de belleza”es un disco coproducido con Eduardo Cabra y grabado en Puerto Rico, Madrid y Asturias, que completa la trilogía iniciada con “Manual de Cortejo” (2019) y “Manual de Romería” (2023).
—¿De dónde surgió la inspiración para este nuevo manual?
– Creo que comencé con “Un Mundo Feliz” y “El”, pero esta canción era como, “Vamos, tengo un mes en medio de mi gira, me voy a Puerto Rico y voy a empezar a grabar, no importa cómo resulte”. Me fui casi sin trabajo hecho, pero era como si tuviera todas estas ideas en mi cabeza, esperando a salir.
——¿Es el tercer álbum más pacífico que el segundo? En un mundo donde el argumento del “terrible segundo álbum” sigue en pie…
-Sí, es verdad. La segunda vez que lo hice estaba más asustada y más relajada que esta vez. Aunque en realidad este es el cuarto, si se incluye mi agotado “Yo soy la maga” de 2012. Lo volveré a publicar algún día.
——”Un mundo feliz” con Marcel, creo que es una referencia que trasciende el arte.
——Por supuesto, es muy importante. Es una referencia de carácter y carrera. Es de esas personas de las que puedes aprender mucho… porque todo lo que te cuenta es historia de España. Fue genial estar con él y sus conversaciones siempre fueron interesantes. Sabe muchas cosas, el manager de su hermano, el manager de su padre…siempre ha estado muy involucrada en la industria y sabe cómo funcionan las cosas. Había vencido al cáncer de pulmón y tenía ese sentido del humor que siempre te hablaba de atrocidades que te hacían morir de risa.
—¿Hay algún hito en tu carrera que sea muy icónico para ti?
– Fue un momento poderoso cuando ella regresó del Festival de Eurovisión y no quería que Franco la presentara. Para ella y para todos. Este es un ejemplo del 68, cuando el régimen de Franco ya estaba al borde de la extinción, pero no tan mal.
— en “Sácame a baile”, que hace dueto con Ana Belén, creo que es más o menos así.
——Sí, esta es otra referencia no solo en términos de arte, sino también en términos de elegancia. Era una tía que supo ser como María Dolores Pradela, alguien que había pasado por mucho y era irreprochable.
“¡Ahora todo el mundo crea folklore, todo el mundo!”
-Su pasión por la arqueología musical se evidencia en canciones como “Captive Sisters” (una melodía antigua).
—Este es un romance medieval tradicional que aprendí de una mujer llamada Concha de Tresmonte, fallecida hace muchos años. Es un romance que se extiende por toda la península. Cuando le dije a Eduardo Cabra que quería que se uniera, no lo vio. Porque las historias de amor son difíciles de traducir a la música pop porque no tienen estribillo y son melodías que se repiten una y otra vez, no es un formato de canción. Edu no lo vio y le dije: “Vamos, hagámoslo en un reggae de tres por cuatro” (risas).
– ¿Qué fuentes soñarías con hacer tal descubrimiento?
-todo. He memorizado mucha música tradicional de mis vecinos, Youtube, Saga, cancioneros de editores como García Matos, Alan Lomax, Joaquín Díaz…
Asturias, víctima del turismo salvaje
—En la canción “La Playa” criticas el turismo de vida salvaje.
–Esto es algo de lo que en Asturias somos muy conscientes, ya que siempre hemos alardeado de estar alejados de la barbarie de la especulación. Llevamos muchos años con leyes de costas y aunque las atrocidades han sido algo habitual, esto no tiene nada que ver con lo que pasó en Levante. La gente cree que en Asturias todo es territorio virgen, pero no es así. Sí, en comparación con otros lugares es muy bueno. Pero ahora tenemos un turismo masivo, que es lo que pide el propio gobierno. Es como, “Caballeros, dejen de hacer esto, las cosas se están yendo de las manos”. Va a causar molestias, daños al paisaje, precios más altos, gentrificación…
——¿Hay algún lugar que siempre ha sido un lugar ideal para ti pero que fue arruinado por él?
——Sí, mucho. Tomemos, por ejemplo, la Playa de Torimbia, que es la meca nudista por excelencia, al igual que las catedrales nudistas de la costa norte de España. Era un lugar sólo accesible a pie, un lugar muy bonito, y me quedé allí todo el verano, durmiendo en la playa, aunque estaba prohibido. Nació una pequeña comunidad, ahora llena de textiles de mal gusto. Como “¡Chico, desnúdate!” ¿Por qué estás vestido y haciendo ruido? Los textiles son muy disruptivos.
—¿Cómo serán los conciertos de la gira “Manual de Belleza”, que arranca el 24 de abril en Avilés?
—Aún estoy trabajando en ello porque hay cosas del disco que son difíciles de traducir en vivo. El espectáculo escénico será muy chulo, inspirado en los hórreos, un paisaje típico asturiano donde se cuelga el maíz para que se seque. Cuando eran niños siempre estaban llenos, ahora eso apenas se ve. Recogimos cuatro toneladas de maíz, las “descascaramos” y las “agrupamos” a mano. Es como un espectáculo de cabaret, al que yo llamo “La Panoya Dorada”, y parte del público estará sentado en las mesas del escenario.
—¿Qué opinas del momento actual de reposicionamiento del folklore en la música pop? ¿No está esto empezando a convertirse en tendencia?
– Bueno, sí, creo que se incorporó a la música pop, que es lo que queríamos. Será más contagioso, por lo que su forma, letra y melodía permanecerán. Pero es cierto, porque la música pop es lo que es, un poco superficial, y al final perdemos la profundidad del folklore mismo. Por otro lado, el folclore se fortaleció como resultado, con más gente bailando, tocando y practicando. Eso es lo más importante, sigue vivo. Pero es cierto, ahora todo el mundo está haciendo folklore. ¡Todos!
——¿Cómo vives la deriva del mundo desde el pueblo de montaña?
– Hay las mismas preocupaciones que en otros lugares porque no estamos seguros. La gente dice “bueno, un día me voy a vivir a la montaña…” como si allí se pudiera escapar. Pero ahí no se puede escapar del precio del diésel, no se puede escapar de la polarización, no se puede escapar de nada. Y cada vez menos.