El 21 de marzo del año pasado fue un punto de inflexión para miles de inquilinos. Ese día entró en vigor un real decreto que permite una prórroga extraordinaria de hasta dos años para los contratos de alquiler de viviendas que venzan entre esa fecha y el 31 de diciembre de 2027. La medida, incluida en un paquete gubernamental para mitigar el impacto económico de la guerra en Irán, ha desencadenado una carrera contrarreloj para los inquilinos que buscan proteger sus contratos. El texto también fijaba un límite del 2% en las renovaciones anuales de alquileres, sacudiendo al mercado y despertando el interés en beneficiarse de la norma mientras estuviera en vigor. Aunque hasta el momento no hay datos sobre el impacto de la entrada en vigor del decreto, los patrocinadores de esta iniciativa de sensibilización de los inquilinos (Sumar y la Organización Defensora del Derecho a la Vivienda) hablaron de miles de casos notificados a los propietarios, sin especificar más casos.
“La página está saturada”, afirmó Fernando de los Santos, portavoz del Sindicato de Inquilinos de Madrid. “Desde entonces, hemos recibido más de 200.000 visitas y cerca de 5.000 usuarios se han descargado alguno de los modelos que ofrecemos para completar faxes y comunicarnos con los propietarios”, explica. Las inundaciones se repitieron en otras comunidades. “De las 4.044 solicitudes de información registradas a nivel nacional, 989 procedían de Cataluña”, detalló Enric Aragonès, portavoz del sindicato de inquilinos de Cataluña. Facua-Consumidores en Acción también envió a sus más de 200.000 afiliados un formulario que habían preparado especialmente para rellenar y solicitar una prórroga.
En Soumal, entrenando para intentar conseguir apoyo momento critico Para garantizar que la prórroga no sea rechazada cuando llegue al Congreso, también informaron sobre el interés generado: dijeron haber recibido “cientos de consultas y solicitudes de asesoramiento jurídico”. Respecto a los resultados de la plataforma anterior, destacaron que los datos “revelaron las expectativas en torno a la expansión”.
Estos datos constituyen el único ámbito estadístico disponible para medir las interacciones entre inquilinos y propietarios, lo que da lugar a una norma que puede dejar de entrar en vigor a finales de este mes, ya que ha suscitado una oposición mayoritaria entre los partidos de derecha, aunque Soumal ha iniciado una campaña de contactos con todos los partidos (el PPP rechazó la reunión) para cambiar su posición. No existen registros que permitan contar cuántos burofaxes, cartas con recibos o correo electrónico Se ha enviado el certificado (tres formas válidas de realizar una solicitud) y la solicitud está en espera. Aun así, fuentes del sector inmobiliario reconocen que el uso de estos canales para solicitar prórrogas se ha intensificado en las últimas semanas, aunque no hay registros oficiales que lo cuantifiquen.
“Hay 100 personas afectadas, y unas 20 de ellas han enviado burofax”, afirma César Sanjuán, vecino del madrileño barrio de Buena Vista. Días después de que el Banco de Inglaterra anunciara la prórroga, envió una solicitud al propietario de su apartamento, Blackstone, pero aún no ha recibido respuesta. “El modelo lo bajamos de la página del Sindicato de Inquilinos de Madrid”, dijo al otro lado del teléfono.
Hace dos meses, en febrero, Sanjuan recibió un burofax de uno de los mayores propietarios de viviendas de la capital (a quien el ayuntamiento vendió 1.800 viviendas públicas en 2013) informándole de que no le renovarían el contrato y que el 30 de junio tendría que abandonar el piso en el que vive con su mujer y sus dos hijos y entregar las llaves. “Vinimos aquí en 2006 y no nos vamos. Empezamos pagando 550 euros y ahora son 1.080 euros”, explica. “Esta ampliación es una bola gigante de oxígeno”, añadió. Sanjuan tenía claro que aunque se rechazaba el real decreto, se podía impugnar en los tribunales. “Esto nos dijeron, vamos a morir por esto”, continuó.
Joan Artieda, de 28 años, compartía piso con otros dos compañeros. Detalló que los tres trabajaban en el sector social y “tenían buenos salarios y podían vivir dignamente”. Sin embargo, su contrato está a punto de expirar y llevan cuatro años viviendo en un piso en el barrio barcelonés de Sant’André pagando 962 euros. “Enviamos el burofax porque teníamos miedo de quedarnos en la calle en un momento en el que los precios de la vivienda estaban por las nubes”, reconoce por teléfono.
Atida dijo que una mirada al mercado fue suficiente para que le “aterrorizara” la idea de tener que regresar a casa de sus padres, a pesar de no haber recibido ningún aviso previo de su arrendador advirtiéndole que su contrato no sería renovado. “Sería humillante porque somos personas que estudiamos, trabajamos y vivimos relativamente bien, pero como todo es tan caro, ahora no podemos afrontar las necesidades de apartamentos en la zona”, lamentó.
situación anterior
La aprobación y prórroga del real decreto causó bastante revuelo en el ámbito judicial. Javier Rubio, abogado especialista en vivienda del Centro de Orientación y Estudios Sociales (CAES), admite: “Aunque he hablado con muchos compañeros, no he encontrado ningún argumento jurídico que sustente la idea de que estas prórrogas serán ineficaces si las normas del Congreso decaen”. Para defender la validez del texto actual, recordemos otras situaciones del pasado. “Ya no se pueden firmar contratos de arrendamiento antiguos de 1985, pero eso no ha impedido que algunos que todavía están vigentes hoy”, dijo. “En la normativa española de alquiler urbano la norma es que el contrato se rige por el marco legal vigente en el momento de la firma”, subrayó Rubio.
Un detalle relevante que recuerda este abogado es que los inquilinos que envíen un burofax (el coste está entre 20 y 30 euros), o que se estén planteando hacerlo, si en su contrato hay un intermediario (como una agencia inmobiliaria o una gestora de alquileres), también deberán enviarles un aviso (en este caso puede ser un correo electrónico) y enviar una copia del burofax al arrendador con acuse de recibo para evitar posibles situaciones. Conflictos con terceros.
Pese a las numerosas consultas y descargas de formularios en poder de los sindicatos de inquilinos en las últimas semanas, José María Alfaro, presidente de la Federación de Asociaciones Inmobiliarias (FAI), confirmó que, tras una encuesta nacional a sus afiliados, “ni siquiera el 1% de las viviendas en alquiler ha recibido una solicitud de prórroga a través de burofax”. Señaló que los pocos incidentes ocurridos se produjeron principalmente en “Cataluña y Asturias”. A su juicio, este tipo de actuaciones, junto a otras adoptadas en los últimos años -como la intervención de precios en zonas declaradas en tensión- han “destrozado” el mercado del alquiler. “Hemos perdido el foco: el problema no son los que ya están dentro, sino los que están fuera y no encuentran la manera de entrar en los apartamentos”, advirtió.
El Departamento de Asuntos del Consumidor describió la respuesta de la comunidad a la extensión del alquiler como “abrumadora” y argumentó que había un “número realmente grande de solicitudes”. A partir de este movimiento proponen: “Si la gente sigue organizándose y los inquilinos piden una prórroga, nos será imposible votar en contra de este real decreto”.
estimar hacia arriba
Sin embargo, el verdadero impacto de la ampliación no se puede medir por la falta de un registro que permita cuantificar el burofax enviado. Pero este agujero estadístico también añade otra incógnita aún mayor: cuántos inquilinos podrían realmente beneficiarse de ello. El Departamento de Asuntos del Consumidor estima que más de 1 millón de contratos, que albergan a 2,6 millones de personas, expirarán dentro del período estándar. La cifra se basa en los arrendamientos firmados en 2021 y 2022, que tienen un plazo legal mínimo de cinco años y vencen este año o el próximo.

Sin embargo, esta es una estimación al alza. Para completar los datos fue necesario descontar los contratos que habían vencido antes de la entrada en vigor del decreto, así como los contratos que fueron rescindidos anticipadamente, posibilidad prevista por la ley tanto a inquilinos como a propietarios, por ejemplo, por necesidades de uso personal o doméstico. Además, los contratos con personas jurídicas tienen una duración mínima de siete años, por lo que quedarán excluidos del cálculo, y la estimación no incluye datos del País Vasco ni de Navarra, ya que se basa en información fiscal del Ministerio de Hacienda y no de entidades autonómicas.
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