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La contaminación del aire en la Ciudad de México podría enfermar a los residentes. No es sólo una irritación en los ojos o una tos temporal, respirar en la capital de México significa un riesgo acumulativo que puede provocar desde dolores de cabeza persistentes hasta irritación de garganta, daño pulmonar severo e incluso depresión y ansiedad. Los riesgos no existen sólo externamente. Un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México muestra que las viviendas contienen altas concentraciones de metales pesados ​​perjudiciales para la salud.

La capital mexicana declaró emergencia ambiental fase uno el 1 de enero de principios de este año. En lo que va del año se han declarado cuatro emergencias en la ciudad y el Valle de México por los altos niveles de contaminantes detectados en el aire. El decreto más reciente fue promulgado el 10 de marzo de este año.

La magnitud del problema es global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la contaminación del aire causa alrededor de 7 millones de muertes cada año y considera que la contaminación del aire es uno de los principales factores de riesgo de enfermedades no transmisibles como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. La organización informa que 140 países tendrán estándares de calidad del aire vigentes para 2025, un aumento del 17% con respecto a años anteriores.

Las emergencias ambientales siguen aumentando

En la Ciudad de México, el Consejo Ambiental Metropolitano inició nueve emergencias ambientales por altos niveles de ozono durante 2024, cinco más que en 2023 y acercándose al récord de 12 emergencias ambientales en 1993. Una de ellas fue la peor de los últimos cinco años: tres días de muy mala calidad del aire. Al emitir la alerta, el Consejo de Medio Ambiente Metropolitano (CAMe) hizo una recomendación principal: reducir la exposición al aire contaminado. Pero para millones de personas, especialmente aquellas que trabajan en la calle, quedarse en casa no es una opción.

Un estudio publicado en 2025 en el que participaron 300 trabajadores de la calle documentó la gravedad del impacto. Académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Hospital General de México analizaron el impacto de las emergencias en la salud ese año. Descubrieron que más de la mitad (52%) informó una mayor producción de esputo, el 44,3% tenía infecciones recurrentes del tracto respiratorio, casi el 40% tenía dolores de cabeza, el 35% tenía tos persistente y el 26% experimentó dificultad para respirar o falta de aire. Las pruebas de espirometría proporcionan un panorama más preocupante. El 61,3% de los trabajadores presentó un patrón restrictivo, caracterizado por disminución de la capacidad vital; 14,3%, patrón obstructivo; y el 13,3%, patrón mixto. Sólo el 11% no mostró cambios funcionales. Entre los que ya padecían asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el 44% experimentó una exacerbación aguda de la enfermedad debido a un accidente ambiental.

La contaminación no actúa de forma aislada sobre los pulmones. Gases como las partículas PM2,5 (lo suficientemente pequeñas como para penetrar en los alvéolos) y el dióxido de nitrógeno (NO2) desencadenan procesos de estrés oxidativo: producen especies reactivas de oxígeno que dañan las proteínas, los lípidos y el ADN. Este fenómeno altera la función mitocondrial, afecta la producción de energía celular y promueve la inflamación sistémica.

Las consecuencias se extienden al sistema cardiovascular (insuficiencia cardíaca, hipertensión pulmonar, arritmias cardíacas) y, según sugiere cada vez más evidencia, también al sistema nervioso central. En el estudio, realizado en la capital mexicana, el 26% de los participantes presentó síntomas relacionados con la depresión y el 25% mostró síntomas de ansiedad relacionados con la exposición prolongada a contaminantes. La investigación internacional también ha relacionado la contaminación crónica con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer. La contaminación en la Ciudad de México causa entre 8.000 y 14.000 muertes prematuras cada año.

El impacto económico también es considerable. Se estima que alrededor de 48.000 personas mueren cada año en el país debido a la contaminación del aire. Los costos asociados se acercan a los 10 mil millones de pesos. Los modelos de salud pública estiman que si el Valle de México, Guadalajara y Monterrey cumplieran con los límites de PM2.5 recomendados por la Organización Mundial de la Salud, se evitarían al menos 2,170 muertes prematuras cada año.

Las políticas de mitigación no son nuevas. El esquema Hoy No Circula se implementó en 1989 para reducir las emisiones de los vehículos durante períodos críticos. Los sistemas de monitoreo en tiempo real actuales pueden informar a las personas sobre la calidad del aire y activar planes de respuesta de emergencia. La discusión se extiende más allá del ámbito ambiental. La Organización Mundial de la Salud describe la adopción de normas más estrictas como una de las mejores inversiones en salud pública: reducen la carga de enfermedad y, a largo plazo, reducen los costos para los sistemas de salud. En una ciudad donde millones de personas respiran regularmente aire que excede los límites recomendados, la calidad del aire no es sólo un indicador técnico sino una variable que define la esperanza y la calidad de vida.

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