El líder de Vox, Santiago Abascal, anuncia el inicio de un expediente para destituir al exsecretario general del partido, Javier Ortega Smith Español Y lo confirmaron fuentes de formación. El caso contra el propio Abascal, único fundador de Vox y que aún ocupa un cargo relevante en el partido extremista, surge de su negativa a aceptar a su sucesor como presidente del Ayuntamiento de Madrid.
A pocos días de las elecciones en Aragón, Ortega envió una carta muy crítica al Consejo Ejecutivo Nacional (CEN), que decidió apartarlo del máximo órgano de gobierno de Vox (del que forma parte desde su creación). El pasado jueves, el Consistorio decidió por unanimidad destituirle de su cargo de portavoz del grupo municipal y nombrar para ocupar su lugar a la concejala Arantxa Cabello.
La resolución fue comunicada a Ortega para que la implementara, pero este no aceptó el cese y continuó como portavoz, lo que la dirección de Vox interpretó como un acto de desobediencia. El propio Cabello convocó a una reunión de emergencia el lunes por la noche para forzar la destitución, pero Ortega y otros legisladores no asistieron. Fuentes de Vox reconocen que los grupos municipales están divididos entre quienes apoyan al exsecretario general, como Carla Toscano, y quienes se oponen a él, como Arancha Cabello y Fernando Martínez. Esta balanza puede inclinarse a favor de Ignacio Ansaldo, ya que la elección del presidente no corresponde a un partido político, sino a un grupo municipal.
Ortega envió el día 3 una carta a miembros de la dirección del partido, acusándolos de utilizar “mentiras, manipulación y distorsión de los hechos o explicaciones egoístas” para marginarlo. La carta era una respuesta a su destitución del CEN el 22 de diciembre, basada en un informe del secretario general Ignacio Garriga y “aprobado” por Santiago Abascal. “La mayoría de ustedes ni siquiera se tomaron el tiempo de leer porque votaron para despedirme en menos de dos minutos”, los regañó.
Atribuyó su expulsión de la dirección a “una estrategia decidida hace mucho tiempo, incluso por personas que no formaban parte de la estructura del partido, para eliminar a todos aquellos que pudieran ganar notoriedad entre el público, defender los principios y valores fundacionales y cuestionar las inconsistencias actuales”.
En noviembre, fue destituido de su cargo de portavoz adjunto del grupo parlamentario extremo en el Parlamento y posteriormente sirvió como portavoz del Comité de Justicia de la Cámara de los Comunes. El último acto feo de los dirigentes, en enero, fue relegarlos a la última fila de la cámara del Congreso, una región conocida como “enero”. gallinero.
Su proceso de marginación comienza mucho antes. En octubre de 2022, Abascal le sustituyó como secretario general por Ignacio Garriga pero mantuvo el cargo de uno de sus vicepresidentes. Luego lo degradó a miembro ordinario del CEN antes de destituirlo del órgano de dirección.
Ortega, que sigue siendo legislador, se ha distanciado de la dirección del partido y ha sido cada vez más crítico con las tendencias del partido desde que advirtió en 2023 que “Vox no nació como una agencia de colocación para amigos”. En una entrevista publicada el pasado diciembre abecedarioCalificando su relación con Abascal de “distanciada”, respondió a quienes atribuían su caída en desgracia a su amistad con el expresidente parlamentario de Vox, Iván Espinosa de los Montrose (actual presidente de la Fundación Atenea), a cuyos discursos públicos asistió. “Si alguien intenta castigarme porque tengo amigos o porque fue amigo de alguien pero ya no parece reconocerlo como amigo, entonces se acabó…”, dijo, refiriéndose a Abascal.
Su descontento no sólo se expresa con palabras, sino también con acciones. La última fue asistir en Madrid a un funeral de las víctimas del desastre ferroviario de Adamus, lo que el partido consideró una falta de disciplina al haber ordenado no asistir, siguiendo el ejemplo de Abascal, que no acudió al funeral en Huelva, presidido por el rey.
Ortega calificó su destitución como vicepresidenta del Congreso de “injusta y errónea”, diciendo que no la entendía, mientras que Abascal se limitó a señalar que “Vox tiene muchos escaños y todo el mundo tiene que aprender a quitarse del medio”. El exsecretario general era el líder de Vox más popular entre las bases después del propio Abascal, pero su influencia dentro del partido se ha visto significativamente disminuida en los últimos años a medida que sus colaboradores más cercanos han sido destituidos de sus cargos.
Es también uno de los pocos miembros del núcleo fundador; otros (desde Alejo Vidal-Cuadras hasta Iván Espinosa de los Montros) han tirado la toalla, mientras el propio Abascal y el subsecretario de Presidencia, Enrique Cabañas, siguen activos en el partido. El carisma que aún conserva explica por qué los dirigentes han evitado hasta ahora la confrontación directa con él y han optado por marginarlo gradualmente. También ha justificado sus sucesivos despidos: su destitución como vicepresidente del Congreso, que se explicó por haber sido sustituido por el vicepresidente Carlos Hernández Cuervo; y la salida de CEN por la necesidad de hacer hueco a la catalana Júlia Calvet, ambos considerados el valor en alza de la nueva hornada de dirigentes de Vox.