El tomate es uno de los alimentos más consumidos en España. Según el Ministerio de Agricultura, cada persona come unos 13 kilogramos al año, lo que refleja su peso según la dieta mediterránea.
Su versatilidad en ensaladas, salsas o platos tradicionales lo hace … Un alimento básico de todos los días, especialmente en verano y principios de otoño, especialmente de julio a septiembre. Durante este tiempo, los tomates maduran naturalmente en la planta, alcanzando su máximo sabor, textura y valor nutricional.
En el contexto de las verduras, en su última publicación en la plataforma digital, el chef y comunicador culinario David Guibert habla de los errores que cometemos al utilizar este producto natural, como guardar los tomates en el frigorífico sin cuidado.
Rico en licopeno, un potente antioxidante que ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Además, aporta vitamina C, potasio y fibra para estimular el sistema inmunológico y la digestión. Su bajo contenido calórico lo convierte en un aliado ideal en el control de peso.
Por qué no deberías guardar tomates junto a manzanas o plátanos
El experto, conocido por su enfoque en enseñar la ciencia y las técnicas detrás de la cocina en lugar de simplemente seguir una receta paso a paso, explicó que la conservación de este alimento depende de su madurez y no siempre pasa por el frigorífico.
En concreto, los tomates que todavía tienen zonas verdes o amarillas, tienen una textura dura y carecen de aroma no se deben meter en el frigorífico: “Si quedan zonas verdes y amarillas, no se arruga al presionar con los dedos y no huele a tomate, no lo metas”. En este estado, la fruta continúa madurando, y este proceso se puede acelerar si la colocas junto a frutas que liberen etileno, como el plátano o la manzana. “Si los juntas, maduran más rápido”, explica.
Por el contrario, cuando un tomate tenga un color uniforme desprenderá su aroma y quedará ligeramente blando al tacto, por lo que los expertos recomiendan consumirlo el mismo día o guardarlo en el frigorífico, “preferiblemente boca abajo”. Esta práctica ayuda a mantener su jugosidad y previene la pérdida de sabor.
El chef también advirtió sobre los tomates ya cortados. Para conservar sus propiedades se recomienda protegerlo adecuadamente del frío, evitar el contacto con el aire, olores y posibles bacterias, y consumirlo en uno o dos días como máximo.