Después de ocho meses de consultas, foros, dos iniciativas presidenciales, Plan A, Plan B y una serie de negociaciones frustradas para la coalición gobernante, el largo y complejo proceso de reforma electoral de la política de Claudia Scheinbaum está llegando a su fin. La Comisión de Fundamentos Constitucionales y Reforma Política de la Cámara de Representantes aprobó los dictámenes adoptados en el pleno del miércoles, que no tienen ni la menor sombra de la intención original del presidente.
Después de ser rechazado por sus propios aliados, Scheinbaum tuvo que aceptar cambios mínimos a la constitución que, de hecho, no cambiarían el sistema de partidos, la representación popular en el Congreso ni el funcionamiento de la organización electoral. Morena y el gobierno han querido defender el fallo como una “reforma para reducir privilegios”, pero en realidad toca sólo tres artículos de la constitución, buscando reducir el gasto del Ayuntamiento, la Asamblea Estatal, el Senado de la República y los salarios de los altos funcionarios electorales. “Llamarlo reforma electoral es un poco exagerado y nos enfrentamos a las ruinas de la reforma”, declaró la oposición al aprobar el fallo.
El dictamen fue votado por Morena, Los Verdes y el Partido Laborista, lo que es una señal segura de que el oficialismo podrá obtener la mayoría cualificada necesaria para avanzar el plan en el pleno de la Cámara de Representantes, como ya hizo en el Senado hace dos semanas, a pesar de la oposición y las críticas de los partidos de la oposición y de haber sido excluido de las negociaciones durante todo el proceso. El proyecto ya no incluye la posibilidad de plantear una consulta para revocar el mandato de Sheinbaum, pues ese fue el último llamado del Partido del Trabajo para apoyar las reformas.
También quedan en el olvido las intenciones de Sheinbaum plasmadas en su primera iniciativa, presentada al Congreso el 4 de marzo y desechada una semana después, que apuntaba a reducir el financiamiento público a los partidos políticos, eliminar 32 senadores de representación proporcional, revisar la forma de designar a los representantes ante más de 200 diputados, fortalecer los mecanismos democráticos participativos, simplificar los pasos del proceso electoral y regular el uso de la inteligencia artificial en las campañas políticas.
Contrariamente a la intención original de Scheinbaum, el fallo presentado por la Cámara de Representantes incluye sólo cuatro cambios: limitar el número de legisladores en los municipios estatales a 15, estipular que los consejos locales no pueden ejercer más del 0,7% de los presupuestos de sus entidades, limitar los salarios de los altos funcionarios electos para que ganen menos que el presidente, prohibir el uso de recursos públicos para comprar seguros para gastos médicos importantes y ordenar al Senado de la República reducir el gasto en un 15% en cuatro años.
proceso de ocho meses
La presidenta anunció su intención de impulsar una reforma política electoral en junio de 2025, y dos meses después estableció una comisión presidencial encabezada por Pablo Gómez, un activista histórico de izquierda en México, que también incluía a algunos de sus colaboradores más cercanos, como José Peña Merino, jefe de la agencia digital; Rosa Isela Rodríguez, ministra del Interior; y Lázaro Cárdenas, jefe de gabinete del presidente. Cárdenas Batel) y la ex asesora jurídica y actual fiscal Esthela Damián. Además de funcionarios cercanos al expresidente Andrés Manuel López Obrador, como Jesús Ramírez, Arturo Zaldívar y el propio Pablo Gómez, advirtieron desde un principio que el oficialismo utilizaría su mayoría para seguir adelante con sus planes.
Una comisión presidencial celebró simposios consultivos y realizó encuestas, reunió aportes de expertos y del público y redactó un primer paquete de reformas, que anunció a principios de febrero y que fue inmediatamente rechazado por los aliados de Morena. El presidente excluyó a Pablo Gómez de las negociaciones y encargó a la ministra del Interior, Rosa Isela Rodríguez, trabajar con los líderes de los partidos caboverdiano, PT y Morena para redactar una iniciativa que satisficiera a los tres partidos. Esas conversaciones duraron más de un mes y fracasaron, ya que el presidente finalmente propuso una iniciativa destinada a reducir los recursos y la influencia de los líderes del partido. “No tiene sentido una reforma que sea completamente vaga”, declaró la presidenta horas antes de emitir la iniciativa, sabiendo que sus aliados no la apoyarían.
El 11 de marzo, el pleno de la Cámara de Representantes aprobó la iniciativa presidencial, pero sin la mayoría cualificada necesaria para una reforma constitucional. En total votaron en contra 49 diputados del Partido Verde y 47 diputados del Partido Laborista. Al día siguiente, la presidenta propuso el Plan B, que inicialmente consideraba la posibilidad de revocar anticipadamente la autorización presidencial para coincidir con las elecciones federales de junio de 2027 y permitirle hablar en apoyo de su reelección durante la campaña revocatoria.
Ante el rechazo del PT, el presidente volvió a confiar las negociaciones a la secretaria Rosa Icela Rodríguez, quien incluso llegó a un acuerdo firmado por los dirigentes de los tres partidos. Sin embargo, el Partido Laborista se desmarcó del compromiso, asegurando que el documento firmado no indicaba explícitamente que la revocatoria se produciría en junio de 2027 y limitó una vez más su apoyo a los proyectos del presidente. Para lograr la aprobación del Senado el 25 de marzo, Morena deberá aceptar cancelar los cambios relacionados con la revocación de la autorización.
El martes, el Comité de Fundamentos Constitucionales y Reforma Política de la Cámara de Representantes dio el penúltimo paso para finalizar la reforma, al aprobar las actas enviadas por el Senado sin ningún cambio. Durante el debate, legisladores de los partidos de oposición (PAN, PRI y MC) calificaron la reforma como un fracaso, trivial e innecesaria. “Esta es una reforma parcial, una cortina de humo para ocultar los verdaderos problemas del país”, dijo César Domínguez, vicepresidente del Partido Revolucionario Institucional.
Durante la reunión, la diputada del Partido Acción Nacional, Nohemí Berenice Luna, concluyó el proceso con una frase: “Estamos ante las ruinas de la reforma electoral. Por un lado, qué buena es, porque causa menos daño al sistema político; pero, por otro, qué mala, porque perdemos una excelente oportunidad para hacer las reformas necesarias”. El mandatario señaló que esta reforma ni siquiera generará los 4 mil millones de pesos de ahorro que espera el gobierno, pues hay menos de 30 municipios con más de 15 parlamentos, y menos de la mitad de las entidades ejercen más del 0,7% del presupuesto nacional.