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En mi último post comenté cómo había cambiado el desayuno para los niños en los años setenta y ochenta y qué está pasando ahora. Somos una generación alimentada por el engaño y la pobreza. Eso podría explicar algunas cosas, pero no todas. Las cifras del desayuno son significativas debido a la novedad de que la oposición ahora está compuesta principalmente por el Congreso, los Verdes y el Partido Laborista, en lugar de los llamados “grandes partidos”, como el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de Acción Nacional.

Antes del TLC, la ropa que usábamos cuando éramos niños era de mala calidad y de producción nacional. La obtención de otros bienes implicaba recurrir a la “fayuca” o al contrabando. Las madres enfrentan problemas con la ropa que se rasga, se mancha, se decolora y se confunde con las tallas porque “la ropa encoge al lavarla”. Si compras una talla 12 para un niño de esta edad, a la segunda o tercera vez que la uses ya le quedará a un niño de 10 años, por lo que tendrás que comprar una talla más grande. Lo mismo ocurre con los tenis, que hay que adquirir medio número más grande porque también “encogen”. En este sentido, el PRI y el PAN son partidos grandes, pero se han “encogido en el proceso”. Cuando entraron juntos en las aguas del otro, su fuerza se debilitó significativamente.

Hace unos días el Partido Revolucionario Institucional (PRI) celebró su 97 aniversario. No son un asunto menor. Sin embargo, ha llegado a su peor momento: decadente, sin rumbo, sin visión, el antiguo “partido” recibe ahora los mismos comentarios que antes se dirigían a los partidos llamados “satélite”, como que son aptos para ascensores. El PRI avanza en esta dirección. Este es un juego muy negativo. Si bien la senadora Carolina Viggiano hizo algunos esfuerzos para luchar contra la oposición, estos esfuerzos fueron simplemente un ejercicio de responsabilidad personal y no tuvieron ningún impacto en los votantes. El señor Alito, presidente del PRI, es el representante de este partido: tiene una alta calificación negativa, no es digno de la confianza de nadie y sólo sale del armario debido a la agitación que creó con el senador Noronha. El éxodo de Morena y quienes permanecieron en el PRI ha sido imparable durante años, y Alito ha sido el responsable de ahuyentarlos, como fue el caso de algunos de los expresidentes del Tricolor. De hecho, el PRI no tiene esperanzas. Todo apunta a que seguirá siendo una mala palabra.

La situación con el PAN es distinta y hay matices. No es el actual presidente quien está causando estos problemas. Jorge Romero es el heredero aparente de este desastre, pero también es un participante activo en el caos. Romero buscó unir al Partido Acción Nacional, que estaba desorganizado. Se conectó con los ex presidentes Fox y Calderón y se reunieron pacíficamente. Sin embargo, la presencia pública de la “acción estatal” es, cuanto menos, confusa. Un día “relanzaron” el partido y unos meses después dijeron que harían cambios históricos. Pusieron tan poca sustancia en ambas cosas que el resultado fueron dos derrotas desastrosas. Su declaración fue diluida por el caos de la votación legislativa y la capitulación vulgar y falsa de los coordinadores del Senado. En la era de la derecha, el Partido Acción Nacional todavía se sentía centrista, pero eso hoy no tiene dignidad. Creen que rendirse y no definirse son opciones válidas y que la salvación está en la aplicación joven.

Sorprendentemente, dirigentes panistas asistieron al congreso inaugural del nuevo partido político Somos México, auspiciado por Claudio X González, y les enviaron un mensaje favorable. Es como conocer a alguien que quiere sacarte de tu casa. Los panistas piensan que desearles buena suerte es divertido y democrático, pero si el partido recibe el mandato de participar en unas elecciones, lo primero que hará será buscar los votos del PAP que tan felizmente los abraza.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) son ahora partidos menores. No importa lo que vistan o digan, su presencia es una prueba, y ni siquiera lo hacen con su propio estilo. Las discusiones recientes terminaron con el fracaso del gobierno, rechazando los llamados Planes A y B sin ellos. El gobierno está humillado y nadie necesita a estos partidos. Son un recuerdo, un fantasma y, para algunos, un saco al que golpear. No es que dejen de crecer por voluntad o por historia, es que encogen al lavarse.

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