Hoy es el Día Mundial del Agua. El lema elegido este año es “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, un ejemplo de sociedad justa en la que los recursos se distribuyen según criterios justos y objetivos. Y entre todos estos, … El agua es una de las sustancias más importantes. Por eso, en este Día Mundial del Agua, debemos elegir un bando: a favor o en contra de aquellos regantes que conocen y aman mejor el agua.
La gestión del agua debe ser una cuestión de rigor técnico basada en datos y necesidades reales. Por otro lado, en los últimos años el gobierno de Pedro Sánchez ha tomado decisiones que afectan a miles de agricultores con argumentos sectarios e ideológicos sin ningún rigor científico ni moral.
El ejemplo más evidente es el proyecto de trasvase de agua Tahoe-Segura, que ha sido recortado en un total de 32 hectáreas cúbicas desde junio de 2018 por razones arbitrarias e ideológicas: los recortes sucesivos e injustificados han encarecido el agua, perjudicado la competitividad agrícola y puesto en peligro el futuro de 100.000 familias cuyos medios de vida dependen de los trasvases de agua.
Para colmo, a partir de 2027 el caudal ecológico del río Tajo aumentará y la cantidad desviada disminuirá en 105 hectáreas cúbicas al año, aunque cada hectárea cúbica menos desviada supondrá una pérdida de valor añadido total de 10 millones de euros.
Lo que se recorta es tan malo como lo que se pretende financiar. Mientras España ha avanzado lentamente en la interconexión de cuencas fluviales o en la reutilización del agua, el Gobierno central anunció que ayudará a Marruecos a modernizar sus desaladoras, sus sistemas de desvío y reutilización: es aquí donde todo lo que resulta ineficaz o inacabado se promociona a los competidores directos.
Además, la modernización de los regadíos marroquíes se financiará con fondos españoles, que también pagan los regantes con impuestos. Es decir, los competidores directos en nuestro campo recibirán subsidios, mientras que nuestros regantes deberán seguir trabajando bajo una regulación más estricta de la UE y más incertidumbre.
La injusticia alcanzó su punto máximo en Alicante. En esta provincia declaramos acciones de interés general del país, pero el gobierno está paralizado. El ejemplo más sonado es el Proyecto Vertido Cero en la Bahía de Alicante, un importante proyecto de mejora ambiental que beneficiará al turismo y también aumentará el suministro de agua depurada de la planta de riego del Bajo Vinalopó.
Mientras que el Gobierno General y el Ayuntamiento de Alicante han cumplido con sus responsabilidades -previendo inversiones de aproximadamente 25 millones de euros-, el gobierno de Pedro Sánchez no ha cumplido con sus responsabilidades, lo que ha resultado en la pérdida de más de 140 millones de euros de financiación de próxima generación de la UE que podrían haberse utilizado para implementar todo el proyecto valorado en más de 350 millones de euros. Como Presidente de la Asamblea, debo condenar un agravio más contra los intereses de la Comunidad Valenciana.
Ante esta situación, el gobierno ha hecho lo que se supone que debe hacer: actuar. En el proyecto posterior al traspaso Júcar-Vinalópó, se han completado todas las infraestructuras previstas en la margen derecha y la segunda fase en la margen izquierda se completará este verano. Además, se están elaborando proyectos para ampliar el oleoducto entre los embalses de Viena y Tosca y renovar el embalse del mismo nombre.
En este sentido, el gobierno aún no desempeña el papel que le corresponde en proyectos importantes como el Embalse de Santiago. Según la respuesta parlamentaria del Gobierno en enero de 2024, el embalse no requiere reparaciones urgentes, aunque pone en riesgo la viabilidad del acueducto Júcar-Vinalópó. Tampoco se han instalado paneles fotovoltaicos, que reducirían la factura energética que deben soportar los regantes.
En cambio, el gobierno está avanzando en proyectos estratégicos como la planta de tratamiento de aguas residuales de Argoros en Elche, valorada en 82 millones de euros, una nueva planta desalinizadora en Benidorm, infraestructura de depuración en Torrevieja y Orihuela Costa, y operaciones de control de inundaciones en Vega Baja.
Por todas estas razones, la reclamación de los regantes (en opinión del Gobierno) era a la vez razonable y obvia. Necesitamos un plan nacional del agua que articule la red solidaria de la cuenca; necesitamos también la puesta en marcha inmediata de los proyectos de interés general anunciados en Alicante, así como disposiciones de prioridad nacional para las inversiones en agua, y el desarrollo de una mesa técnica nacional con la participación de comunidades autónomas y regantes para crear una hoja de ruta realista para el periodo 2026-2030.
La comunidad valenciana está haciendo lo correcto. Solo nosotros reutilizamos más del 40% de las aguas residuales de España para riego, y el 74% de nuestra superficie de regadío está modernizada con tecnologías que maximizan la eficiencia hídrica y energética. Este es un logro colectivo que refleja una cultura del agua que no se improvisa: se planifica, se innova y se ejecuta.
Además, este año el Departamento de Agricultura emitió un nuevo llamamiento de asistencia para mejorar las instalaciones de riego y aumentar la eficiencia energética, recaudando más de 20 millones de dólares en inversiones en comunidades irrigadas. Así, a finales de este semestre se habrán modernizado otras 10.000 hectáreas de terreno.
Pero la política del agua no sería posible sin el protagonista: los regantes. Estos logros no son del gobierno: son suyos. Mantienen la agricultura menos subvencionada y más rentable de Europa. Demuestran que cuando el agua fluye y cuando se gestiona de manera inteligente y responsable, aumenta las oportunidades y promueve la igualdad, la prosperidad y un futuro.
Por eso siempre estaremos del lado de los regantes. Esto es justicia.
Juanfran Pérez Llorca, presidente de la Generalitat Valenciana