El empresario sevillano Antonio JL temió tanto por su vida que dejó una huella imborrable en su último viaje a República Dominicana. Antes de emprender un vuelo con destino a su escala habitual (intercalada con su residencia en Dos Hermanas), envió audios a su entorno expresando sus temores y documentando los trámites económicos que realizaría durante el viaje. No se equivocó. El 21 de septiembre de 2025, Antonio fue encontrado muerto por una herida de bala en la cabeza en la localidad de Damajagua, en la provincia dominicana de Valverde. Seis meses después del incidente, la policía del país caribeño arrestó a seis personas sospechosas de estar involucradas en el crimen. Entre ellos se encontraba su esposa, una intelectual sospechosa de estar involucrada en un asesinato.
La Policía Nacional afirmó en un comunicado que eran tan conscientes de que las circunstancias de la muerte del empresario eran “inquietantes y poco claras” que el mismo mes en que se conoció la noticia del asesinato de Antonio, personas más cercanas a Antonio acudieron a la comisaría de Cádiz. Las pruebas presentadas abren el camino a la cooperación entre la policía judicial y los investigadores de la Policía Nacional de República Dominicana que dirigen la investigación, donde en el auto fue encontrado el cuerpo del empresario, quien recibió un disparo mortal en la cabeza.
Antonio, un empresario de 59 años que regenta una guardería en Dos Hermanas, se separa de su mujer. La esposa es una mujer dominicana. La policía española explicó que Antonio y su esposa tienen “importantes asuntos económicos y patrimoniales” que deben resolverse. Además de los trámites que tuvo que realizar su esposa en el consulado, el sevillano tuvo que viajar a República Dominicana para cumplir trámites encaminados a recuperar la empresa y algunos de sus activos. Pero antes de partir, temiendo que algo pudiera salir mal, dejó constancia de toda la operación a sus más allegados.
Todas estas pruebas, más algunos audios grabados por el propio empresario en los que expresaba temor por su seguridad y su vida, acabaron en manos de los investigadores gaditanos una vez formalizada la denuncia. La policía española explicó que la “gravedad de la información facilitada” llevó a agentes de la policía judicial de Cádiz a contactar con las autoridades dominicanas a través de la agregación interior de España en el país caribeño para llevar a cabo la supuesta operación. Equipo.
Las pruebas aportadas por Antonio antes de su muerte y los datos recabados por la Dirección Central de Investigación de la Policía Nacional Dominicana (DICRIM) finalmente respaldaron la hipótesis de que la muerte del sevillano fue un asesinato premeditado. La esposa habría sido la autora intelectual del incidente y la coordinadora de un plan en el que recurrió a varias personas de su entorno quienes, a su vez, actuaron como intermediarios para encontrar al autor del asesinato.
Una de las personas involucradas donó parte del dinero, aceptó cometer el crimen y prometió donar el resto del dinero una vez consumado el asesinato. El intermediario encontró entonces al autor del material, una persona en quien confiaba el fallecido. El empresario no comenzó a sospechar cuando los asesinos se subieron con él a su auto y lo engañaron hasta un deshabitado de Majagua, donde le dispararon en la cabeza.
Tras el crimen, el arma acabó en manos del intermediario que coordinó la ejecución y posteriormente pasó a un tercero implicado, que la escondió en su domicilio para evitar que la policía la encontrara en un posible registro. Sin embargo, los agentes finalmente encontraron el arma durante una búsqueda. Los análisis balísticos de la policía científica confirmaron la coherencia con los casquillos recogidos en el lugar del incidente.
Durante el operativo fueron detenidas un total de seis personas. Se cree que todos estuvieron involucrados en la planificación, ejecución y encubrimiento del asesinato. El caso se basa en diversas pruebas recabadas durante la investigación, así como en el análisis de cámaras de vigilancia o documentos aportados por personas cercanas al empresario en la comisaría de Cádiz. Para la Policía Nacional española, la investigación es un ejemplo de “la importancia de la cooperación internacional entre los cuerpos policiales para esclarecer un delito que inicialmente se presentaba como múltiple y desconocido”.