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Aunque nuestro país depende menos de la región, la guerra con Irán ha tenido un impacto radical en los consumidores. La incertidumbre y la mayor competencia por la energía en un mundo globalizado provocan mercados ajustados, lo que en última instancia afecta a nuestros bolsillos. Los primeros efectos ya se sienten en la gasolina y el diésel, con subidas de hasta dos euros por litro. Además de la gasolina, otro gran aumento para los consumidores podría ser el de las facturas de electricidad. Según Roams Comparator, las facturas de gas podrían aumentar hasta un 18% y las de electricidad hasta un 24%. En el primer caso, para una casa con un contrato mensual de 660 kWh y un precio de la luz de RL.2, los costes pueden pasar de una media de 49-51 euros a 58-60 euros. Tomando como ejemplo la electricidad, el consumo eléctrico mensual medio de un hogar es de 290 kilovatios hora, y la electricidad contratada es de 3,45 kilovatios. La factura de la luz podrá aumentar de 63 euros a 82 euros al mes. Al igual que ocurre con la gasolina, la incertidumbre afecta a los precios finales y por tanto a los consumidores, en este caso por problemas con el suministro de materias primas a las comercializadoras de energía. Esta subida de precios es común a todos los consumidores, pero algunos la evitarán por el momento. Son aquellos que tienen una tasa fija y aún no han sido revisados. Este tipo de tasa de interés es una opción que brinda previsibilidad y estabilidad, algo que los especialistas en marketing de Octopus valoran en un contexto de volatilidad geopolítica. “Aumente o no el precio de la electricidad en el mercado mayorista, sabes exactamente cuánto pagarás por kilovatio hora consumido”, subraya Andrés Gil, experto en energía de Octopus. Esto permite a los consumidores mantener sus hábitos sin sorpresas. Para aquellos con tarifas reguladas o precios de mercado, Gill recomienda fijar precios inmediatamente para asegurar una mayor estabilidad ante la incertidumbre sobre la duración del conflicto. Aquellos con tasas de interés fijas están protegidos de las fluctuaciones del mercado. Pero estos consumidores deben tener en cuenta que las tarifas se revisan cada 12 meses. Si se revisa en este momento, es probable que ni siquiera éstos escapen a la suerte de los aumentos de precios. Entre los factores de ajuste, las empresas basan sus esfuerzos en el coste de la energía en el mercado y suelen incluir un llamado “margen de seguridad” para tener en cuenta el riesgo de un fuerte aumento de los precios de la electricidad, como podría ocurrir en este caso. Así que esos consumidores, si les toca comprobarlo, pueden encontrarse con que su empresa ha aumentado el precio del kilovatio hora, aunque todo depende de las políticas de la empresa comercializadora.

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