8 de marzo de 2026 21:20
La doctrina feminista defendida por la izquierda más radical y dominante en el discurso oficial del gobierno ya no representa el tipo de causa política y social legitimada por su absoluta necesidad histórica, es decir, el deseo de un trato igualitario para hombres y mujeres en todos los niveles. él … Lo que el feminismo muestra hoy en sus manifestaciones públicas es que necesita abrazar otras causas para convertirse esencialmente en un grito de guerra para la izquierda radical. Esta conexión es tan fuerte que el feminismo actual ha internalizado el ecologismo, el transgenerismo y, como vimos ayer, la pretensión de Ramón Cloya del “pacifismo” en su identidad. Estas insistencias en la causa original han vaciado la función histórica del feminismo, que todavía tenía muchos objetivos por alcanzar, y lo han convertido en un cascarón casi vacío que la izquierda llenó con el discurso que llena a la sociedad española, especialmente a sus jóvenes. De un feminismo que aspiraba a políticas positivas de plena igualdad de derechos –no sin debates aún feroces, como el del aborto– hemos pasado a un feminismo enojado que se contenta con la discriminación negativa contra los hombres en la ley, incluso cuando los datos sobre agresiones sexuales aumentan año tras año y los portavoces oficiales siguen quejándose hace una década, como si lo que está sucediendo en España no tuviera nada que ver con los ocho años de gobierno del Partido Socialista de los Trabajadores.
Obsesionado con ajustar cuentas con los hombres, el nuevo feminismo está destruyendo las identidades biológicas de las mujeres y el apoyo de los jóvenes. El feminismo de izquierda dominante considera que su extremismo transforma la condición femenina en una pura declaración de voluntad, de modo que el sexo biológico no determina el género. Quien quiere ser mujer es mujer, no nace mujer. Esta separación conlleva el llamado “borrado de las mujeres” ya que la discriminación que sufren se debe precisamente a su condición biológica. Las leyes transgénero son tan degradantes para las mujeres como las formas más perniciosas de machismo, y las mujeres feministas que denuncian estas leyes están sujetas a humillación pública y cancelación social.
Una segunda consecuencia de este enfoque totalitario del feminismo de izquierda es la pérdida de apoyo entre los jóvenes. Una investigación de la Fundación FAD e Ipsos muestra que el feminismo oficial en España cada vez es menos visto como la mejor solución a la violencia de género y a la desigualdad entre hombres y mujeres. Ambos estudios revelan la perspicacia de las jóvenes españolas que niegan la violencia machista y defienden la igualdad, pero cuyo sentimiento feminista ha decaído respecto a años anteriores. Las mujeres jóvenes son parte de una tendencia que incluye una visión más amplia del feminismo como herramienta de manipulación política. Si la izquierda interpreta estos datos en términos de radicalismo extremo en las redes sociales y ve su fracaso como evidencia de que todavía necesitamos mirar más profundamente las propuestas que los jóvenes rechazan, entonces la izquierda seguirá cometiendo errores.