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La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) condenó este jueves la esterilización forzada y asesinato de Celia Ramos Durand en Perú en 1997 en el marco del Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar establecido por el expresidente Alberto Fujimori. El tribunal insistió en que esto “no constituye un caso aislado, sino que forma parte de una política estatal a gran escala” dirigida principalmente a mujeres desfavorecidas; es un claro ejemplo de “violencia sistémica contra las mujeres” en el país andino. Esta es la primera vez que la Corte Suprema de las Américas utiliza los términos “violencia reproductiva” y “esterilización forzada” en un fallo.

La Corte Interamericana de Justicia exige al Estado adoptar medidas de indulgencia pública, compensaciones económicas, iniciar investigaciones internas para esclarecer a los responsables y aprobar un instrumento normativo sobre el consentimiento libre e informado en materia de salud sexual y reproductiva. El fallo reitera una tendencia progresista entre los tribunales latinoamericanos, que ya han condenado casos similares en Chile y Bolivia en los que compararon la esterilización no consentida con “tortura”.

María Ysabel Cedano, abogada de Demus, el grupo de litigio conjunto de la Corte Interamericana de Justicia, elogió la solidez del veredicto. “La Corte Interamericana de Justicia dijo que la violencia psicológica para la esterilización viola los derechos humanos y no hay justicia para ello”, dijo por teléfono. El tribunal dijo que una vez que los responsables de esta política fueran llevados a juicio interno, no podrían ser indultados bajo ninguna circunstancia. Esto es especialmente importante para un país como Perú, que recientemente aprobó leyes que ayudan a eximir a las personas de responsabilidad.

Aunque el tribunal confirmó que la política fue organizada y dirigida a los más altos niveles del país, no nombró a Alberto Fujimori ni a tres exministros de Salud, Eduardo Yon Mota, Marino Costa Bauer y Alejandro Aguinaga, como responsables directos. La investigación ahora está bajo responsabilidad del Perú.

En su fallo, la directora Jurídica de Cejil, Gisela de León De Sedas, colitigante en el caso, enfatizó el carácter absoluto de esta decisión en la búsqueda de justicia en el pasado y en el futuro. “Este es un paso adelante no sólo para el Perú sino para toda la región porque requiere que el país establezca protocolos que garanticen que algo como esto no volverá a suceder”, afirmó.

El mismo día en que fue operado Ramos Durand, se realizaron 14 intervenciones más en la misma sala entre las 10:00 y las 14:30, lo que indica que cada operación duró una media de 21 minutos. Según los archivos del estudio, en los años 1990 se requerían hasta 60 intervenciones por día.

La escala de estas intervenciones (90.000 esterilizaciones al año) ha sido uno de los principales argumentos esgrimidos por los tribunales para demostrar que el consentimiento libre e informado no está garantizado. Incluso señaló que los funcionarios médicos utilizaron más tarde la palabra “captura” para describir sus acciones con las mujeres a las que se les pedía que las esterilizaran. La gran mayoría de ellas son mujeres indígenas rurales con bajos niveles de educación, “con la premisa de limitar las opciones de embarazo en función de criterios socioeconómicos”. Como advirtió repetidamente el propio Fujimori, se trataba de una política encaminada a “erradicar la pobreza”.

Aunque la ligadura de trompas es un método anticonceptivo permanente seguro y confiable, el programa estatal no garantiza condiciones mínimas de salud ni seguimiento pre o postoperatorio. El tribunal también señaló que no había infraestructura suficiente para satisfacer las necesidades básicas y de emergencia de los pacientes. Es por ello que determinó que el Estado violó los derechos a la vida, integridad personal, libertad personal, vida privada, acceso a la información y derecho a formar una familia de Celia Ramos; y desconoció los derechos de los hijos de Marisela del Carmen Monzón Ramos, Emilia Edith Monzón Ramos y Marcia Maribel Monzón Ramos, tres hijas que quedaron huérfanas siendo menores de edad.

Entre 1996 y 2001, el programa nacional de planificación familiar y salud reproductiva de Fujimori esterilizó a 314.000 mujeres y 24.000 hombres. A febrero de 2026, el Registro Nacional de Víctimas de Esterilización Forzada registró aproximadamente 7.000 víctimas. Sin embargo, según diversos informes oficiales y académicos, una gran proporción del total de esterilizaciones no demostró un consentimiento previo, libre, informado y pleno.

Según la fiscalía, un gran número de mujeres afectadas -se estima académicamente en más de 270.000- entraron en los quirófanos “bajo presiones, amenazas e incentivos alimentarios y sin la debida notificación”. Celia y otras 17 mujeres murieron días después de la cirugía debido a la política anticonceptiva. Ahora, casi treinta años después, la familia ha recibido justicia.

Celia murió a los 34 años por una cirugía que no necesitaba ni pidió. En 1997, la joven peruana acudió a un centro médico de Piuralalegua, en el norte del país, para buscar atención odontológica y le dieron consejos que insistían en que le ligaran las trompas. El acoso resultó en al menos cinco visitas a su casa hasta que quedó convencida. En esta sentencia, la Corte Interamericana de Justicia insistió en que el consentimiento debe obtenerse “sin ningún tipo de presión o coerción” porque de lo contrario se “menoscabaría no sólo el derecho a la salud sino también el derecho a la libertad personal”.

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