La IA generativa ya está cambiando la forma en que se realiza el trabajo en todo el mundo. Pero lo hace en un mercado laboral que no es ni neutral ni desigual. Cuando una tecnología poderosa ingresa a un sistema desigual, rara vez repara por sí sola las disparidades existentes.
La inteligencia artificial no opera en el vacío. Se utiliza en economías donde mujeres y hombres tienen diferente acceso al trabajo, los ingresos, la estabilidad o la protección social. Sin una intervención deliberada, las desigualdades arraigadas durante décadas corren el riesgo de ampliarse.