En el caballete del tejado de la tienda reina un silencio absoluto. Jarno Polhuijs (33) se encuentra 7 metros más abajo, en el borde de un balancín de madera, el tablero del balancín. La adrenalina corre por sus venas, la concentración es agudísima. Un salto, una salida y flota. “Volar es adictivo”, dice el artista de circo, que ha pasado de ser un estudiante en busca de éxito a convertirse en un líder mundial.
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