El domingo pasado, las grietas comenzaron a verse. Una antigua casa anexa al ayuntamiento de Siete Iglesias de Trabancos (Valladolid, 400 habitantes) empezó a inquietar y preocupar a las cinco personas que allí vivían: cuatro empleados latinoamericanos de una fábrica de paneles solares y una mujer de 79 años que accedió a alquilarles parte de la casa, ya que en el entorno rural casi no hay alquileres. El chirrido se repitió, llegaron los escombros y la propietaria subió las escaleras alrededor de las siete de la tarde del martes para instar a sus inquilinos a que abandonaran la casa. No hubo tiempo para evacuar. La casa se derrumbó y cinco personas quedaron atrapadas. Uno de los trabajadores, un trabajador boliviano de 27 años, murió. El inquilino fue hospitalizado con pronóstico grave pero aún tiene esperanzas de sobrevivir, y los otros tres involucrados pudieron ser dados de alta a tiempo o han sido rescatados con buen pronóstico.
El antiguo edificio de dos plantas ha quedado reducido a escombros, quedando a la vista restos de ladrillos y adobe, señales de que una edificación antigua ha sido rehabilitada paulatinamente. Al lado hay un hueco evidente, que es el ayuntamiento, que no ha sufrido mayores daños. Jacinto Canales, diputado del Gobierno de Valladolid, acudió al ayuntamiento poco después de conocer el incidente. Allí se desplegaron bomberos y agentes de la Guardia Nacional de la Diputación Provincial de Valladolid, así como perros de rescate profesionales de Zamora. Estos primeros descartan la posibilidad de que haya más personas en las ruinas. Canales dijo que pudo hablar con uno de los vecinos del edificio, quien logró escapar por sus propios medios, quien le contó que allí vivían inmigrantes, tres bolivianos y un ecuatoriano, que habían venido con el dueño de la casa para trabajar en la industria solar. “La casa se derrumbó completamente, como si cayera una bomba”, describió el alto funcionario.
Debido a la peligrosidad del lugar, las intervenciones para intentar salvar a los afectados debían ser especialmente minuciosas. Cuando la casera les advirtió que los crujidos y crujidos empeoraban y les dijo que salieran lo antes posible, el hombre con el que habló el agente escapó “por sus propios pies”, aunque los demás no tuvieron tiempo. Otro inquilino permaneció entre los escombros durante “una hora o una hora y media” antes de que los peritos acudieran a su lado y salieran ilesos, salvo algunas heridas leves. Los rescatistas estuvieron a punto de encontrar a la fallecida, una boliviana de 27 años, e incluso hablaron con ella mientras intentaban saber su paradero, “pero la encontraron muerta”.
Los equipos desplegados dedicaron unas cuatro horas a sacar de los macizos cimientos a la propietaria de la casa, una vallisoletana de 79 años, que creían que compartía la casa con los extranjeros y que les alquilaría parte de la casa. El septuagenario, que fue “transportado en camilla con suero”, ha sido hospitalizado y, según Canales, se cree que ha sobrevivido a las heridas provocadas por el desplome. El subdelegado también detalló que los cuatro trabajadores de la industria de paneles solares se habían instalado en Siete Iglesias de Trabancos pero que no realizaban actividades en la zona, lo que demuestra la dificultad de vivir en zonas rurales donde casi no hay beneficios de alquiler. Los investigadores están tratando de determinar por qué ocurrió el incidente.