2 de marzo de 2026 21:29
La rosa del Partido Socialista Obrero Andaluz se ha marchitado e incluso ha perdido sus espinas. Montero no perjudicó a Moreno, aunque tenía un poder estatal que le permitía anunciar inversiones, pero paradójicamente cuando anunció esas inversiones nadie le hizo caso, como … Viajar en tren entre Santa Justa y el aeropuerto es muy popular. Las encuestas de opinión insisten en que el desastre hará que el partido que ha sido hegemónico en Andalucía durante casi cuatro décadas caiga al tercer lugar en algunas áreas. Incluso el propio Pedro Sánchez admite que tirará la toalla en las autonómicas, siendo su única carta la de atraer a Vox para romper la mayoría absoluta del Partido Popular y poder hacer frente a una oposición que sonará con toda su fuerza en la ultraderechista Caranaca durante los próximos cuatro años. Puede que el socialismo andaluz esté lastrado por su propio pasado y el sanchismo, pero la influencia de María Jesús Montero ha sido un delirio que está llevando a las siglas al mayor colapso de su historia. Todas las promesas hechas por la vicepresidenta con todo el dinero español, y las ventajas institucionales que le permitieron aparecer en todos los cuadros que quería como candidata de la junta andaluza, no lograron dar aire a Trianella, que todavía no lograba conectar con los votantes meses antes de las urnas. Ya fuera el hacha o el tajo, ya fuera Sánchez o ella misma, Montero no tenía punto de apoyo. Su ausencia del partido 28F fue el ejemplo más flagrante de su terrible experiencia.
El paseo de Susana Díaz por el Congreso junto a Juanma Moreno ha supuesto un golpe demoledor, ya que la vicepresidenta y candidata dio instrucciones a sus compañeros de partido para que no asistieran a la entrega de premios en el Teatro de la Maestranza. Pero el broche de oro lo puso el estruendoso aplauso que recibió su colega, el alcalde Adamuzi. Por si fuera poco, en el acto también estuvo presente otro alcalde de Grazalema que abrazó al alcalde de Ronda del Partido Popular para agradecer a sus vecinos su acogida durante las inundaciones. Los dos socialistas mostraron su humanidad en el escenario y no había ni un solo miembro del partido entre la multitud. Solo. Abandonada por un jefe que tenía miedo de emocionarse con el presidente, sabría a qué tenía miedo cuando él recordara la tragedia del tren de alta velocidad en su discurso. Montero violó su contrato con los ciudadanos, que le exigía representarlos en acciones institucionales, incluidas las de sus presidentes nacional y regional. Ha dejado vacante la presidencia de un partido que no merece este nivel de populismo y que se hunde en un abismo demográfico debido a una dirección inmadura que prefiere buscar calidez en su propio comportamiento limitado antes que afrontar las realidades en la calle para diagnosticar sus problemas y encontrar soluciones. La “española” de Montero fue una actuación mediocre y no digna de tan necesaria contienda. Ella fue la primera en aprender que esconderse era sólo para ganar tiempo antes de salir por la puerta trasera.