En el caso del ataque a Irán, a diferencia de la situación en Venezuela, el Secretario Rubio sí notificó previamente al llamado “G8” antes de que Estados Unidos lanzara un bombardeo a Irán. sin notificación oficial a la colección … Tampoco es un voto de autorización, como fue el caso antes de las intervenciones en Afganistán e Irak, sino un paso intermedio: informar al núcleo más restringido del liderazgo legislativo sobre cuestiones de inteligencia.
El G8 es un mecanismo previsto en el sistema estadounidense para compartir información altamente clasificada con el Congreso cuando la Casa Blanca considera que la sensibilidad de la operación justifica limitar al máximo su difusión. Está compuesto por los presidentes y líderes minoritarios de la Cámara y el Senado, así como por los presidentes y miembros destacados de las minorías de los comités de inteligencia de la Cámara y el Senado. En realidad, se trata de un canal reservado para operaciones encubiertas u operaciones militares de alto impacto.
Según informes de los medios estadounidenses, a pesar de las advertencias previas, ningún miembro de la organización anticipó la magnitud del bombardeo contra Irán. “No teníamos idea de que el alcance del ataque fuera tan amplio o que el objetivo fuera tan amplio”, dijo una fuente familiarizada con la sesión informativa. La Casa Blanca había esperado una acción militar, pero no anticipó el alcance total y la amplitud estratégica de la acción que finalmente tomaría.
La comparación con Venezuela es relevante. En ese momento, la Casa Blanca argumentó que la operación tenía como objetivo capturar al fugitivo Nicolás Maduro, medida que enmarcó la intervención como una conspiración. Lógica policial o judicial en lugar de guerra.este mecanismo de notificación formal al liderazgo legislativo no se inició. Ahora, ante un ataque abierto a Irán, se ha activado el canal del G8, aunque sin buscar autorización explícita del Congreso.
Este matiz es clave para el debate constitucional estadounidense. La Carta Magna otorgó al Congreso el poder de declarar la guerra, pero desde la Segunda Guerra Mundial la mayoría de las intervenciones se han llevado a cabo bajo autorizaciones amplias o decisiones ejecutivas dentro de los poderes del Comandante en Jefe. En este caso, el gobierno optó por una notificación restrictiva sin votar la acción.
Las conversaciones con el Capitolio fueron delegadas en Rubio, mientras el presidente permaneció en Palm Beach. En Washington, el detalle planteó dudas sobre el alcance de la participación directa y continua de la Casa Blanca en la escalada de la gestión política. Más allá de la acción militar en sí, el incidente ha reavivado el debate sobre los límites del poder ejecutivo en asuntos de guerra y el papel real del Congreso en la toma de decisiones rápidas bajo el paraguas de la seguridad nacional.