El 24 de febrero se cumple el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania. Sin embargo, la agresión de Rusia ha continuado durante 12 años desde la ocupación ilegal de Crimea en 2014 y el estallido de la guerra en el este de nuestro país. Durante más de una década, el pueblo ucraniano ha defendido no sólo su territorio, sino también los principios básicos del derecho internacional: la soberanía, la integridad territorial y el derecho de cada país a determinar su propio destino.
2025 no traerá cambios decisivos en la primera línea. A pesar de la enorme inversión de recursos humanos y materiales del Kremlin en la guerra, el progreso de Rusia ha sido mínimo. Ucrania ha construido una línea de defensa cada vez más fuerte y ha creado una nueva rama militar moderna: la Fuerza de Sistemas No Tripulados, que integra drones aéreos, marítimos y terrestres en operaciones coordinadas. Esta innovación cambió la naturaleza del campo de batalla y limitó en gran medida las capacidades ofensivas de los invasores. Mientras tanto, la propaganda rusa sigue difundiendo mentiras sobre el llamado “éxito”. Un ejemplo reciente es la afirmación de que Rusia ha capturado la ciudad de Kupiansk.
Esta mentira quedó efectivamente expuesta cuando el presidente Zelensky visitó personalmente la ciudad, mostrando al mundo que todavía estaba bajo control ucraniano. El episodio refleja un patrón consistente: el intento del Kremlin de reemplazar la realidad con ficción.
Las declaraciones de Rusia sobre una “mayor cooperación” y un supuesto “apoyo estratégico” al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela son pura ficción. Lo mismo ocurre con las afirmaciones sobre el apoyo cubano. Hasta ahora no hemos visto ninguna ayuda real por parte de Moscú. Si alguien escribiera un libro sobre la historia rusa contemporánea, su título sería “Cien años de mentiras”. La realidad es que Ucrania se ha vuelto más fuerte este año. Gracias a la cooperación con socios europeos, la industria de defensa ucraniana ha alcanzado un nuevo nivel en términos de cantidad y calidad de producción.

Ucrania ya no depende completamente de la ayuda exterior: hoy produce gran parte de sus drones, sistemas de defensa y misiles. Hace apenas unos días, misiles ucranianos atacaron a más de 1.400 kilómetros de nuestra frontera una fábrica militar rusa que produce los famosos misiles “Oleshnik”. Este hecho demuestra que Ucrania está desarrollando capacidades de autodefensa y debilitando la maquinaria militar del agresor.
Al no haber podido derrotar a Ucrania en el campo de batalla, Rusia intensificó su campaña de terror genocida contra civiles, especialmente durante el invierno. Su objetivo es destruir la infraestructura energética y dejar a millones de personas sin electricidad, calefacción ni agua. Esta estrategia no es nueva. Rusia ya ha realizado pruebas en Siria, atacando deliberadamente hospitales, viviendas e infraestructura civil.

Estas acciones constituyen crímenes de guerra. No existe ninguna justificación militar para la destrucción deliberada de infraestructura civil y los ataques sistemáticos contra la población. Ucrania está documentando cuidadosamente cada crimen. La justicia eventualmente alcanzará a los perpetradores, sin importar cuánto tiempo pase o dónde intenten esconderse. Ucrania valora profundamente a Estados Unidos. esfuerzos para promover una paz justa y duradera.
Aplaudimos el compromiso personal del presidente Donald Trump con este objetivo. Sin embargo, Rusia sigue mostrando desdén por el proceso de paz. ¿De qué más podemos hablar cuando las negociaciones tengan lugar el mismo día en que Rusia lanza nuevos ataques con misiles contra ciudades ucranianas? Más recientemente, Rusia volvió a nombrar a Vladimir Medinsky, un hombre conocido por promover narrativas pseudohistóricas consistentes con la ideología imperial del presidente Vladimir Putin, como jefe de su delegación negociadora.

Este nombramiento demuestra una actitud ridícula y poco constructiva. Es como si los países latinoamericanos estuvieran tratando de definir sus fronteras modernas basándose en mapas o historias de civilizaciones precolombinas, ignorando las realidades contemporáneas y el derecho internacional. Rusia se está burlando del proceso de paz.
Lamentablemente, la experiencia de los últimos doce años muestra que cuando la respuesta internacional es inadecuada, Rusia se vuelve más agresiva. Este año hemos visto un aumento preocupante de las provocaciones, en particular contra los Estados bálticos, incluidos incidentes híbridos, amenazas y acciones encaminadas a desestabilizar la seguridad regional. De hecho, es posible que el mundo sea testigo de nuevos actos de agresión contra otros países en el futuro.
La seguridad de Ucrania, Europa y la comunidad internacional es indivisible. Detener al agresor hoy es la única manera de evitar un conflicto importante mañana.