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Los representantes del Partido Popular madrileño asistieron a la reunión con el oído alerta la madrugada del jueves. El martes de hace dos días, tres compañeros dimitieron en masa en solidaridad con Emilio Veciana, el ministro de Educación del gobierno de Madrid que fue despedido el lunes. Su decisión revela una realidad inquietante para Isabel Díaz Ayuso: hay un grupo dentro del Partido Popular madrileño creado en torno al intelectual Antonio Castillo Algarra que prioriza sus conexiones personales sobre las siglas, dijo una figura importante del partido. Peor aún: la formación que se consideraba la organización más adecuada para el Partido Popular español ha dejado al descubierto agujeros.

En declaraciones tras llegar a la sesión parlamentaria, Díaz Ayuso dijo: “La actualización (de la lista electoral de 2023) conlleva riesgos, pero en general funcionó muy bien”, afirmó la baronesa, que apoyó a tres personas no identificadas que luego abandonaron sus escaños. Por tanto, tres días después de que la herida estuviera abierta, el PP dio por cerrada la herida. Sin embargo, persisten las cicatrices, las dudas y el malestar interno ante el poder y la influencia acumulados en tan poco tiempo por alguien sin experiencia partidaria.

“Es espantoso que estas personas dirijan la educación sin saber quiénes son”, dijo una fuente popular familiarizada con la influencia del Partido Conservador en los asuntos municipales. “En este momento, las llamadas no paran de preguntar quiénes son estas personas”, afirmó, añadiendo que las personas que tuvieron mayor influencia en la gestión del presupuesto de educación de 7.000 millones de euros ya no trabajan para el Partido Popular: la consultora Viciana; los dos directores generales: María Luz Rodríguez Lera y Nicolás Casas; y los parlamentarios Pablo Posse, Mónica Lavín y Carlota Pasarón. “Cuando se elaboraron las listas electorales no hubo explicación”, dijo, deplorando a un grupo que descentralizó su capacidad de influencia en el gobierno (Veciana), el parlamento (tres diputados) y la propia gobernadora de Ayuso al Partido Popular regional (con secretarías en Posse y Lavín).

Tras las elecciones, tras una luna de miel que casi deja a Vesiana en el ojo derecho de Ayuso y a su acompañante en visitas oficiales a Chile o Estados Unidos, empezaron los problemas. Hasta que tengamos un conflicto abierto.

En enero de 2026, Miguel Ángel Rodríguez, el poderoso jefe de gabinete de Díaz Ayuso, fue escrutado por dos fuentes como asesor del Gobierno en el nombramiento de La Casita del Canal de Isabel II en Manzanares Real. No importaba dónde tuviera lugar el encuentro, habría diferentes versiones cuando le tocara el turno a Vesiana. Se describe “una medida decisiva”, ya que un mes después el titular del Ministerio de Educación fue despedido, culminación de unos supuestos “celos” por la influencia que ejercía Castillo Algara a través de Veciana -teniendo en cuenta quién hizo circular esta versión: “MAR (la abreviatura de Rodríguez) alimentó el mecanismo de los problemas del consejero, que empezó a desgastarlo, hasta que logró matarlo”.

Otra versión, relacionada con las circunstancias de Rodríguez, simplemente identifica una conversación y describe una relación profesional: “En general, hablaban del financiamiento de la universidad y del proyecto de ley, pero nunca lo discutían”. Sin embargo, otra fuente señaló: “Dijeron que el detonante del despido fue que Veciana no hizo cumplir la ley universitaria. Esto causó algunos meses de malestar, pero eso fue sólo una excusa. Tuvieron una discusión, y luego MAR convenció a Ayuso de que tenían que despedirlo. Cualquiera sea la razón, MAR y Castillo estaban en desacuerdo”.

Sin duda, las salidas de Veciana y sus dos gerentes generales, ambos vinculados a Castillo, tuvieron un efecto dominó que nadie esperaba. “Sí, me sorprendió la decisión”, admitió Carlos Díaz Pache, portavoz parlamentario del PP, en referencia a las posteriores dimisiones de los tres diputados. Porque el martes, cuando uno de ellos, Pablo Posse, se presentó ante el micrófono de la Junta de Educación para anunciar que dejaba su cargo, sus compañeras Mónica Lavín y Carlota Pasarón harían lo mismo después diciendo: “Le agradezco al señor Castillo Algara, quien ha sido calumniado muchas veces en la Junta de Educación y creo que esa calumnia también está en los medios”.

Estas palabras hirieron a más de uno en el Partido Popular, que en 2023, condicionado a la victoria de Díaz Ayuso en la guerra con Pablo Casado y sacudido por la perspectiva de una mayoría absoluta, no tuvo problemas para digerir la renovación integral del partido. La baronesa acaba de ser elegida presidenta del Partido Popular de Madrid con el 99,12% de los votos. Era libre de hacer y deshacer lo que quisiera, actualizando casi por completo su lista electoral. La misma estrategia se aplica a las listas municipales. Como resultado, los políticos de largo plazo y persona casada El anuncio ha perdido su punto de partida para los recién llegados a la política, como los que ahora han dimitido. De hecho, Pose y Lavín siguieron apareciendo este viernes en la web del Partido Popular como miembros del Comité Ejecutivo del Partido Popular madrileño de Ayuso, al frente de la Secretaría de Educación y de la Secretaría de Familia y Reproducción respectivamente. Sin embargo, un portavoz señaló que estos puestos también han sido eliminados.

“Es tan sorprendente”, se quejó una fuente muy respetada dentro del partido, “Mataron a gente en el partido y muchos de ellos ahora están en casa o en lugares ridículos, así que los pusieron a ustedes tres que ni siquiera saben de dónde vienen… Sólo porque quieren gente dócil y leal, hoy ven a Ayuso y la ven como una sola”. Virgenporque no la conocían antes. “Los que dimitieron salieron diciendo que lo hacían por coherencia, por lealtad. Lealtad, ¿a qué proyecto? ¡Este será el tuyo y el del conseller! Por supuesto, no del Partido Popular de Madrid. “Eso es una estafa”, prosiguió. Y añadió: “¡Hay gente por ahí que los mete en el Parlamento y te los quita!”. ¿Están aquí en una misión especial? “¿Es este un partido político?

La versión oficial del Partido Popular es que la salida de los tres representantes es “irrelevante”. Así lo expresaron incluso dos de los estrechos colaboradores políticos de Díaz Ayuso. Un tercer interlocutor que goza de la confianza del presidente es aún más poderoso.

“En el 70 por ciento de las listas actualizadas hay personas que se conocen y tienen profesores en común”, dijo sobre las dimisiones. “No más”, subrayó. “Están trabajando bien y tienen futuro. Decidieron poner fin a sus actividades políticas y seguir a compañeros o amigos. Respeto. Seguiremos”, argumentó. “No hay corriente interna. No hay voz disidente. Hay decenas de ejemplos de representantes (que se van) solos o en pequeños grupos. Siguen a quien piensan. No nos importa. Va a ser por la cantera”.

lealtad

En lo que va de esta legislatura, 49 miembros de diversos partidos han abandonado sus escaños en el parlamento. Las razones son multifactoriales y en muchos casos tienen que ver con la disponibilidad de mejores oportunidades laborales más que con diferencias políticas. Sin duda, en este caso, ninguno de los tres representantes de base renunció porque todos eran portavoces del comité, lo que les reportó enormes dividendos financieros y atención de los medios. Un símbolo de su peso interno. Las salidas divididas también son poco comunes. Sin mencionar que ocurren en coordinación con personas ajenas al partido o al gobierno. Castillo Algara también dimitió de su cargo de director artístico del Ballet Español en la Comunidad Autónoma de Madrid.

“Siempre he creído”, acusó un político que trabaja a diario con Díaz Ayuso, “que en cualquier parlamento la lealtad de un parlamentario debe ser siempre hacia los ciudadanos, hacia el proyecto político y hacia el grupo parlamentario, en ese orden”.

Desde la dimisión de diputados el martes hasta la reunión de Ayuso con su grupo parlamentario el jueves pasó de todo: el nombramiento y toma de posesión de Mercedes Zazalejo como ministra de Educación; el despido de dos directores generales vinculados a Veciana, y los intentos de cerrar heridas que dejaron cicatrices.

¿Es esta crisis una señal de debilidad por parte del PP de Ayuso? Se le preguntó a un anciano del partido. “Sí. Sí. Pero sucederá. Una vez designados los nuevos tres diputados, que ha sucedido, pasemos a otras cosas”, respondió.

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